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miércoles, 15 de noviembre de 2017

DIÓGENES: EL FILÓSOFO QUE VIVIÓ COMO UN PERRO



Diógenes nació en Sínope, hijo de un acaudalado banquero, pero fue obligado al destierro por una acusación de falsificación de moneda. Diógenes se justificó alegando que sólo cumplió el mandato del Oráculo de Delfos que le ordenó, según sus palabras, "invalidar la moneda en curso". Tiempo después comprendió el sentido verdadero de la sentencia: rechazar la moneda de la falsa sabiduría convencional, demostrando la superioridad de la naturaleza sobre la costumbre. Esta idea se convertiría en el eje de su vida. 

Diógenes fue seguidor del filósofo Antístenes, un discípulo de Sócrates, que había fundado la escuela de los cínicos, llamada así por su insistencia en señalar los vicios de la ciudad, "ladrando" contra ellos desde una tribuna (kynikós significa canino en griego). Esta escuela filosófica se caracterizó por la renuncia a los bienes materiales y a los placeres sensuales, Diógenes llevó al extremo estas enseñanzas, como lo atestiguan las numerosas anécdotas que recogió Diógenes Laercio en su obra "Vidas de filósofos ilustres". 



Como un pobre que no buscaba bienes ni fortuna, se aposentó en el Ágora, donde dado la frecuente actividad pública que ocurría en aquel lugar, era común que la gente le gritara "Perro", a lo que él replicaba "Perros sois todos vosotros que me rondáis cuando como".

Diógenes se acostumbró a usar cualquier cosa en cualquier lugar para satisfacer sus necesidades, ya fuera para dormir, comer o satisfacer sus necesidades fisiológicas. La tinaja de vino que le sirvió a veces de cubículo era toda una declaración de principios: el hombre había de volver a la naturaleza a través de una rigurosa contención para conquistar su propia libertad. Diógenes prefería criticar el mundo desde la pobreza a hacerlo desde el seno de una sociedad embrutecida por el dinero.

En una ocasión en el que se le acercó el mismísimo Alejandro Magno y le dijo "Pídeme lo que quieras", Diógenes que estaba tomando el sol, le espetó: "Apártate y no me hagas sombra". Alejandro, impresionado, se dijo a sí mismo al marcharse: "Si no fuera Alejandro, yo quisiera ser Diógenes". 

Su actitud le valió el desprecio de la mayoría de los filósofos, aunque parece que esto no le preocupó. Poco le interesaron los debates que encendían las discusiones de su época. Su filosofía consistía en la práctica de pocos y sencillos pasos éticos ante los cuales resultaban inútiles los grandes sistemas filosóficos. Se dice que un día, Diógenes pasó a las afueras de la Academia de Platón y viendo que este defendía ante sus alumnos la tesis de que el hombre es un animal bípedo sin plumas, tomó un gallo le arrancó las plumas y lo echó en medio de la Academia al grito de: ¡Ahí va un hombre de Platón!.

Tras sus actitudes que le hacían ver como un loco ante el ciudadano promedio, la conducta de Diógenes tenía un trasfondo: limitar los deseos a las verdaderas necesidades que la naturaleza prescribe, pues es condición de los dioses no desear nada (ni siquiera los sacrificios con que se les rinde culto), comportamiento a imitar por quienes querían parecerse a ellos.

En una ocasión, Diógenes empezó a pasearse con una linterna en pleno día, proclamando por el ágora que buscaba un ser humano. Cuando exclamó: "A mi, hombres", Algunos se acercaron, pero el filósofo los ahuyentó con un bastón, diciendo: Clamé por hombres, no por desperdicios". 

Al llegar a la vejez, uno de sus amigos le aconsejó que relajara un poco su rigurosa vida, a lo cual contestó Diógenes: Esto es como si, en plena carrera y cuando estuviera a punto de alcanzar la meta, se me aconsejara que parase".

Murió, pues, en la misma pobreza en la que había vivido, como parece revelar este ruego al barquero Caronte:

"Acoge, aunque lleves tu barca espantable de muertos cargada, el perro Diógenes. No tengo equipaje, sino una alcuza, la alforja, mi mísera capa y el óbolo con el que pagan los muertos su paso. Cuanto en la vida tenía, todo ello lo llevo conmigo al Infierno; nada en el mundo he dejado"

Fuente: Historia. National Geographic. No.145. Artículo de Laura Manzanera. 



sábado, 28 de octubre de 2017

HISTORIA: ¿QUÉ ES UNA POLIS?



Se trataba de una comunidad políticamente independiente de cualquier otra, con sus propias estructuras de gobierno basadas en un cuerpo cívico. Este conjunto de ciudadanos podía estructurarse en grupos con más o menos derechos. Cuando sólo un grupo reducido de ciudadanos gozaba de todos los derechos políticos, se trataba de una oligarquía. Si los derechos se extendían a capas más amplias, incluyendo artesanos, jornaleros, pequeños campesinos, entre otros, podía definirse como una democracia, estadio al que llegaron algunas ciudades al final de la Época Arcaica. Eso no quiere decir que los derechos cívicos alcanzaran a todos, ni siquiera en una democracia: había que excluir a los extranjeros, estuvieran de paso o ya asentados en la polis, y a los esclavos. Además, el cincuenta por ciento de la población, las mujeres, poseía derechos cívicos reducidos, restringidos a ciertos ámbitos como el religioso o el familiar (aunque algunas ciudades, como Esparta, gozaban de derechos de propiedad sobre la tierra igual que los hombres)


Físicamente la polis se organizaba alrededor de un centro urbano, amurallado o no. Desde el punto de vista griego, lo importante para distinguir una polis de una aldea bárbara era que en la polis el espacio estaba organizado. Dentro de esa organización había terrenos y edificios públicos construidos alrededor de la plaza, el ágora, cuyo significado etimológico es: "lugar de reunión". Los ciudadanos se congregaban ahí para las tareas de gobierno o para llevar a cabo diversas actividades y rituales que ayudaban a crear vínculo de unión entre la comunidad, como se hacía también en los gimnasios, auténticos centros de vida social. A diferencia de las ciudades micénicas, en el que dominaban los palacios, el principal edificio de la población griega era el templo. Alrededor de él -y no dentro- se organizaba el culto religioso y las fiestas que servían para reforzar su identidad. Con el tiempo, conforme prosperaron, las polis griegas compitieron por construir templos más lujosos y elegantes. 

Las polis solían ser pequeñas. Incluyendo las tierras que le rodeaban, su extensión media era de unos ochenta kilómetros cuadrados, y muchas apenas llegaban al millar de habitantes. Por supuesto, existían ciudades mucho mayores, como Tebas, Corinto o las ciudades jonias. Un caso extremo era el del Ática, una polis de 2,500 kilómetros cuadrados, cuyo núcleo urbano era la ciudad de Atenas. Se calcula que llegó a haber 700 polis en Grecia. 

GENIOS DE LA HUMANIDAD: LEONARDO DA VINCI



Leonardo fue el hijo ilegítimo de una campesina y un notario de la pequeña localidad de Vinci, situada a unos 25 kilómetros de Florencia. El niño creció en el hogar paterno y pronto dio cuenta de sus dotes para la observación y la creación. Sin embargo, la formación de Leonardo llegó tardíamente y lo hizo en el taller de Andrea Verrocchio junto a artistas de la categoría de Sandro Botticelli, Perugino, Domenico Ghirlandaio y Filippino Lippi. Fue ahí donde despertó su interés por las diversas técnicas artísticas, afición que fue en aumento a lo largo de su vida profesional y que aprendió a dominar al mismo tiempo que adquiría una vasta formación que no dejó de ampliar a lo largo de su vida. 


La curiosidad y la capacidad de Leonardo iban mucho más allá del terreno de las artes plásticas. Las primeras obras que se le atribuyen -como un paisaje del Arno dibujado en 1473 en el que, no sin cierto orgullo, el mismo aprendiz anotó "estoy satisfecho" ó el óleo titulado "La Anunciación", pintados en en los años 1472 y 1475- muestran el aprovechamiento de artista novel en las disciplinas tradicionales, como el dibujo, la perspectiva y la anatomía, así como una especial atención a los efectos de la luz, y la naturaleza que empieza a configurar el estilo con el que Leonardo renueva el panorama artístico florentino. 

´Paisaje del Arno

La Anunciación 

Uno de los primeros encargos que recibió Leonardo fue un cuadro de altar para la capilla de los priores del Palazzo della Signoria, la sede del gobierno comunal florentino. Aunque nunca lo llegó a completar, algo que sería una constante en su carrera. A pesar de sus prometedores comienzos, pronto quedo claro que no estaba hecho para trabajar en el competitivo mercado florentino, dominado por burgueses y monjes acostumbrados al puntual cumplimiento de los contratos. Pero, eso sí, Leonardo obtuvo el favor de Lorenzo el Magnífico gracias a su prodigioso domino sobre la vihuela. Lo que el artista necesitaba era un patrón que lo acogiera y que le diera libertad de movimientos. Así que, cuando contaba 32 años de edad, decidió probar fortuna en Milán, donde el duque Ludovico Sforza el Moro estaba buscando precisamente lo que en Florencia sobraba. Esto es, artistas que crearan una imagen mayestática de su patrón.



En Milán, Leonardo tuvo la oportunidad de poner a prueba sus habilidades como ingeniero militar, arquitecto y escultor, tareas de las que, desgraciadamente, sólo nos han llegado algunos bocetos. También comenzó a redactar unos textos sobre temas científicos y técnicos, aunque nunca llegó a publicarlos de forma ordenada. En la actualidad constituyen un inmenso y poco sistematizado conjunto de las más variadas ramas del saber. Redactó también un tratado sobre pintura y expresión del movimiento humano que, recopilado posteriormente por uno de sus discípulos, fue conocido como "El Tratado de la pintura".

A la vista del resultado final, es dudoso que Leonardo fuera precisamente el hombre que su patrón esperaba. Los pocos proyectos de exaltación de la familia Sforza que emprendió quedaron en bocetos de arcilla, como la gran escultura ecuestre del padre. Sin embargo, la primera versión de "La virgen de las rocas" y el fresco de "La última cena" para el convento de Santa María delle Grazie fueron el magistral fruto de su trabajo.

La Última Cena

Tras la ocupación francesa de Milán y la caída de Ludovico el Moro, Leonardo emprendió un periplo que primero lo llevó a Mantua, donde pintó el retrato de Isabella d´Este, y luego a Venecia, donde realizó planes para la defensa de la ciudad, entonces amenazada por los turcos. En 1500 estaba de vuelta en Florencia, estancia que aprovechó para impresionar a todos con el cartón para el cuadro de "Santa Ana, con la Virgen y el Niño". En 1502 entró al servicio de César Borgia, el hijo del papa Alejandro VI, que aspiraba a crear un Estado independiente en la recién conquistada Romaña. Su nombramiento como arquitecto e ingeniero general lo llevó a supervisar el conjunto de fortificaciones y a trazar mapas y planos de diversas ciudades de la región. 

En 1503, Leonardo regresó una vez más a Florencia. El motivo fue el encargo más importante que recibió a lo largo de su vida: la decoración de uno de los muros del salón de los Quinientos del Palazzo Vecchio para conmemorar la batalla de Anghiari de 1440, en la que los florentinos derrotaron a los milaneses. En este trabajo debía rivalizar con Miguel Ángel, encargado de pintar el muro contrario, dedicado a la batalla de Cascina. Pero la técnica utilizada por Leonardo produjo un resultado tan ruinoso que la pintura empezó a desprenderse y hubo que sustituirla por otra precisamente de su biógrafo Vasari. Pero esta estancia florentina no fue baladí, pues el genio empezó una de las obras en que más años invirtió: el retrato de Mona Lisa, esposa del mercader Francesco del Giocondo. Sus rasgos ambiguos parecen confundirse más con la representación de las ideas sobre el propio artista que con la realidad de la modelo. 

En 1605, el inquieto Leonardo obtuvo el permiso de sus patronos florentinos para trasladarse de nuevo a Milán, seguramente con el objetivo de completar La Virgen de las rocas. Pero el gobernador francés de la plaza no estaba dispuesto a dejar escapar fácilmente a la presa. Así que escribió a los dirigentes de Florencia solicitando el alargamiento de su estancia. La respuesta que obtuvo lo dejó atónito: "Leonardo no se ha comportado con esta República como debiera porque ha recibido una buena suma de dinero y apenas hecho sino comenzar un trabajo muy importante que tiene obligación de finalizar; se ha comportado como un holgazán".

Estudios de Anatomía

Cuando en el año 1513 cuando los franceses fueron expulsados de Milán y los Sforza reinstaurados en el gobierno del ducado, Leonardo decidió viajar a Roma para ponerse al servicio de Giuliano de Medici, hermano del Papa León X. Ignoramos cuáles eran las aspiraciones de su nuevo patrón, pero se sabe que el artista se dedicó todos estos años a investigar sobre anatomía, geometría y óptica, además de redactar un libro sobre juegos geométricos y llevar a cabo la reconstrucción del antiguo puerto de Civitavecchia 

En 1516, a la muerte de su protector, Giuliano de Médici, Leonardo aceptó la invitación del nuevo rey de Francia, Francisco I y se trasladó al castillo de Amboise, donde fue nombrado "Premier peinctre et ingenieur et architecte du Roy". Una vez más trabajo en el diseño de fiestas y en proyectos de ingeniería, como las estructuras para la irrigación de Tours y Blois. Al año siguiente de su llegada le visitó el cardenal Luis de Aragón. Según escribió después su secretario, Leonardo le mostró tres cuadros muy perfectos, "pero ya no se puede esperar más de él a causa de la parálisis que le ha sobrevenido en la mano derecha". Murió en el castillo de Cloux, cerca de la residencia real de Amboise, el 12de mayo de 1519. 

Boceto de un invento similar al tanque de guerra.






martes, 24 de octubre de 2017

LOS MÉDICOS FRENTE A LA PESTE



Durante muchísimo tiempo se creyó que la peste provenía de la ira divina; Dios era el causante de las desgracias y de estos momentos de extremo dolor. Guillaume de Machaut atestigua esta visión de la siguiente manera:

Cuando Dios en su morada vio la corrupción del mundo, hizo salir a la Muerte de su jaula, llena de locura y de rabia, sin freno, sin bridas, sin discernimiento, sin fe, sin amor, sin medida, tan altiva y orgullosa, tan ávida y hambrienta que nada de lo que engullía conseguía hacerla saciarse. Recorrió todo el mundo matando y destrozando los corazones de todos los que encontraba.

Para la sociedad de la época no quedaba otro remedio que implorar piedad a la Divinidad, para que así en un acto de piedad, cesara los sufrimientos. Pero, hacia el siglo XIV de nuestra era, médicos de París intentaron ir más allá de los rezos y basándose en un pasaje de la Biblia intentaron contrarrestar la epidemia. 

Desde luego existían serias limitantes en aquella época (fue hasta el siglo XIX cuando se tuvo el conocimiento de que las pulgas de las ratas transmitían la enfermedad), sin embargo, a pesar de la insuficiencia de conocimientos acerca de la peste, sí se tenía la intuición que la enfermedad era producto de contagio. Se suponía que la peste era una materia venenosa, originada por las exhalaciones de materias orgánicas en descomposición, que flotaba en el aire y entraba en el cuerpo de las personas al respirar o por los poros de la piel. El autor de un Tratado de epidemia, suponía que incluso la peste se podía contagiar mediante la mirada. 

Frente a la amenaza de contagio la recomendación más practicada era la de alejarse lo más posible del foco de infección o por lo menos tener bien ventilado el hogar abriendo las ventanas a los vientos del norte (los del sur se creía que portaban la enfermedad); el médico catalán Jacme d´Agramont aconsejó que de ser necesario, la gente se refugiara bajo la tierra o en su defecto buscar zonas altas para escapar a la enfermedad. Como se creía que el aire corrupto generaba mal olor, solía perfumarse el aire con esencias. 



En aquel entonces cuando se ignoraba el origen de la enfermedad, lo más recomendable entonces era la prevención. Cuando se tenía noticia de un brote cercano a una población se tenía la obligación de endurecer las medidas de higiene y limpieza. Se prohibía la entrada a los infectados y se realizaban visitas a las casas del poblado para verificar que no existieran infectados. La desobediencia de estas medidas estaban penadas con la muerte. 

Si la enfermedad lograba penetrar en una población, los médicos entraban en acción y hacían uso de procedimientos de efectividad incierta o contraproducente. Desde la ingesta de medicamentos simples y compuestos hasta la solución propuesta por George Thompson, que aconsejaba matar un sapo, colgarlo de una pierna para secarlo y después molerlo, ya que "la presencia de este animal odioso y terrorífico aniquila completamente la imagen del veneno pestilente". 

Uno de los tratamientos en los que más se confiaba eran las sudoraciones prolongadas. Sin embargo, hoy se sabe que este tipo de sudoraciones tan prolongadas (24 horas) no propiciaban ningún beneficio, y lo que sí hacía era una deshidratación general, alteración de la concentración de electrolitos en la sangre y en casos extremos, alteraciones del ritmo cardíaco.

Otro de los tratamientos más practicados eran las sangrías como medida preventiva de refuerzo, absolutamente imprescindible si aparecía un bubón, pues se consideraba a la sangre como portadora de la vida, y cualquier alteración de ésta tenía afectos funestos, esta práctica era común en los siglos XV-XVII. 

También se consideraba imprescindible la extirpación del bubón para salvar la vida del infectado; pero al ser increíblemente doloroso al tacto, la simple idea de la extirpación causaba pánico en el paciente. El escritor inglés, Daniel Defoe retrató esta situación de la manera siguiente:

Cuando los bubones endurecían y no reventaban, se hacían tan dolorosos que eran como el más refinado de los tormentos; y algunos, no pudiendo soportar estos, se arrojaban por la ventana, o se pegaban un tiro o se daban muerte a sí mismo de algún otro modo. Otros, incapaces de contenerse, desahogaban su dolor lanzando incesantes lamentos y se oían gemidos sonoros y lastimeros mientras se andaba por las calles. Cuando estos bubones se endurecían se aplicaban fortísimos emplastos o cataplasmas para hacerlos reventar, y en caso de no conseguirlo, lo abrían o sajaban de una manera terrible y los cirujanos los quemaban con ayuda de cáusticos, de modo que muchos murieron rabiando como locos por el dolor, y otros, durante la misma operación. 

Hacia el año 1720, cincuenta años después de la peste que asoló Londres, la enfermedad llegó a Marsella y causó aproximadamente 100 mil muertes; se volvió a evitar el aliento del semejante, a comer bien, a tomar tazas con té en ayunas, y a rezarle a Dios. Por fortuna esta fue la última gran epidemia que azotó a Europa. 
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Anexo: Cronología de la Peste:

  • 542- El Imperio Bizantino es asolado por la llamada plaga de Justiniano, una epidemia de peste bubónica de gran virulencia 
  • 1348- Se desata la epidemia de peste negra más devastadora de la historia. Se ceba en la población europea, que es reducida casi a la mitad. 
  • 1629-Se desata la gran plaga de Milán, una epidemia de peste que afecta el centro y norte de Italia. Mueren unas 280 mil personas. 
  • 1665-En Londres brota una epidemia de peste que mata a la quinta parte de la población, más de cien mil personas. 
  • 1720- En Marsella se produce el último gran brote de peste en Europa. La epidemia la trae un barco procedente del Mediterráneo Oriental. 


FUENTE: REVISTA HISTORIA. NATIONAL GEOGRAPHIC #149







¡ESTO ES ESPARTA!



Nuestro conocimiento sobre Esparta no proviene de los propios espartanos, sino de los demás griegos. Esparta prácticamente no produjo literatura, salvo los poemas de Tirteo en el siglo VII. Sin embargo, la curiosidad que despertaba en las demás polis fue grande, que incluso les dedicaron abundantes textos. En la época Clásica, Jenofonte escribió una obra en su honor, una breve monografía titulada: La República de los Lacedemonios. Platón se basó en ella como modelo para las ciudades ideales de La República y Las Leyes. Como es bien sabido, aquellos pensadores provenían de Atenas, la polis que competía con Esparta por el liderazgo en Grecia.

Esparta es el nombre de un pequeño núcleo urbano que funcionaba como capital de un Estado más amplio conocido por los griegos como Lacedemonia. Lacedemonios era el nombre que recibían los espartanos, y su lambda inicial aparecía en el escudo de sus hoplitas durante la Época Clásica. Otra denominación para la región era la de Laconia y de ahí nuestro adjetivo "lacónico", "conciso", "escueto", pues se atribuía a los espartanos un humor seco y de pocas palabras. 

FORMA DE VIDA 

Los espartanos de élite estaban sometidos a la autoridad del Estado desde el momento de su nacimiento. El varón recién nacido era examinado por un grupo de ancianos para comprobar que estaba sano y no sufriera deformaciones. De no pasar la prueba, se lo llevaban a un lugar del Monte Taigeto conocido como Apótetas -depósito, vertedero- y lo abandonaban allí, sin derramamiento de sangre para no manchar el ritual. De pasar la prueba, el niño se quedaba viviendo los primeros años con su madre y el resto de las mujeres de la casa. Las espartanas tenían la fama de ser excelentes criadoras, y en otros lugares las contrataban como nodrizas por la calidad superior de su leche materna. 


A los siete años, la ciudad se encargaba de la educación de los niños, llevándoselos de casa de sus padres. En cierto modo, un espartano iniciaba su servicio militar a esa edad, y ya no lo abandonaba nunca, pues incluso los ancianos formaban parte del ejército. Durante los primeros años, a los jóvenes los repartían en grupos de edad, al mando de líderes escogidos por ellos mismos.



Casi todas las actividades estaban destinadas a endurecer sus cuerpos y convertirlos en soldados disciplinados. Peleaban desnudos y les cortaban el cabello a rape. La única prenda que les proporcionaban era una manta de lana y tan sólo se lo cambiaban por otro cuando crecían. También les hacían pasar hambre. Se acostumbraban a robar gallinas y lo que fuera menester en las fincas cercanas y si los sorprendían los azotaban, no por robar, sino por torpes.

A partir de la adolescencia, los muchachos pasaban a un nuevo ciclo, en el que desarrollaban relaciones homosexuales con jóvenes adultos, que se convertirían ala vez en sus amantes y mentores. El amante era un espejo para su amado, un modelo de disciplina y de virtudes.

En este ciclo empezaba el entrenamiento propiamente militar. Es posible que algunos jóvenes que se acercaban al final de su adiestramiento fueran seleccionados para la llamada kripteía. Sus jefes los sacaban del campamento y armados con simples puñales y con raciones muy cortas de comida, los soltaban en territorio de los ilotas, probablemente en Mesenia. Durante el día, los jóvenes espartanos se escondían, pero al caer la noche salían a los caminos y bajaban a las aldeas para matar ilotas.

Por último, antes de terminar su etapa de iniciación, los jóvenes debían pasar por un ritual sangriento, el de la flagelación ante el altar de Ártemis Ortia. Llegados a los veinte años los jóvenes espartanos se integraban en el ejército. A partir de ese momento podrían dejarse crecer el cabello y también la barba; el bigote se lo afeitaban normalmente. Los cabellos largos eran un orgullo para el espartano, que se lo peinaban cuidadosamente antes de entrar en combate.

Sin embargo, aún no se les consideraba ciudadanos de pleno derecho. Mientras eran jóvenes, seles inculcaba tanto el respeto a sus mayores que agachaban la mirada cuando se cruzaban con ellos y no podían hablarles si ellos no les dirigían la palabra primero. Lo que si podían era unirse a los banquetes, llamados syssistía. 

Un espartano adquiría la ciudadanía de pleno derecho hasta los treinta años. Y a esta edad era común que se casaran. A diferencia de los espartanos, las espartanas gozaban de mayor libertad que sus iguales de otras polis. (Información más detallada en el artículo: LA MUJER EN GRECIA

SOCIEDAD Y GOBIERNO

La base de la sociedad espartana eran los que trabajaban la tierra, los llamados ilotas. Su nombre parece que proviene de una raíz que significa "capturar" y en cierto modo eran prisioneros de una guerra perpetua declarada contra ellos. La condición de los ilotas se diferenciaba de los esclavos comunes. No eran una mercancía que se podía vender, sino que estaban unidos como un solo lote a la parcela de tierra que trabajaban.

El siguiente escalón de la pirámide social estaba formada por los periecos, cuyo significa "los que viven alrededor". Se trataba de los habitantes de las aldeas y ciudades de Laconia y Mesenia,que no habían sido sometidos por la fuerza, probablemente porque habían optado por rendirse ante Esparta y firmar algún tipo de pacto con ella. Los periecos tenían sus propias instituciones y se gobernaban a sí mismos a nivel local. Además de cultivar sus tierras, se dedicaban a trabajos que los espartanos consideraban poco dignos, como el comercio y la artesanía. La política exterior y militar de los periecos dependía de lo que ordenase Esparta.



Había otros ciudadanos de condición inferior, los llamados "inferiores, que debieron ser espartiatas (ciudadanos de élite) empobrecidos y que habían perdido sus derechos por diversas causas. Otro sub-grupo fue el de los "bastardos", que más que hijos ilegítimos debió tratarse de hijos de ciudadanos que habías perdido sus derechos. Y por último en este escalón, estaban también los "ciudadanos nuevos", que fueron ilotas ascendidos por sus servicios militares o porque se habían emancipado.

Por último tenemos a los espartiatas, aquellos ciudadanos de pleno derecho, una vez superadas las duras pruebas y cumplidos los treinta años. A diferencia de lo supuesto, estos ciudadanos no hacían ostentación de su riqueza, las normas sociales dictaban que los espartanos vistieran de forma sobria, casi como con una especie de uniforme para que no se viera la diferencia entre ricos y pobres. También se tenía prohibido grabar el nombre del fallecido en sus lápidas, excepto el de las mujeres que perdían la vida durante el parto. También se dice que los espartanos comían con gran sobriedad y tenían prohibido acuñar monedas.

En la organización política, los espartanos contaban con la Gerousía o consejo de ancianos. Se trataba de una especie de Senado; lo componían 28 miembros mayores de 70 años y elegidos entre las familias más destacadas. En él se preparaba la orden del día, discutiendo propuestas que luego se sometía a la ciudadanía. Funcionaba como tribunal supremo de justicia y de censura. Existían otros dos miembros, que elevaba a 30 el número de sus miembros, ¿quiénes eran?: sus dos reyes.

Existían dos dinastías, los Agíadas y los Euripóntidas y cada una de ellas llevaban su propia sucesión de forma independiente. Los reyes estaban exentos de la difícil educación que sufrían los demás y su función principal era comandar al ejército.

Finalmente, hablaremos de los éforos. Eran cinco magistrados elegidos cada año entre el conjunto de ciudadanos que formaban la asamblea. El mayor de ellos le daba nombre al año. Sus competencias eran varias: convocaban las reuniones de la asamblea y las presidían, eran guardianes de la ley y las costumbres y podían juzgar incluso a los reyes. Su función principal era el control de ambos reyes. Cada nuevo años observaban el cielo en busca de cometas o estrellas fugaces y así decidir el destino de los reyes.

Representación de los Éforos

FUENTE: LA AVENTURA DE LOS GRIEGOS. J.NEGRETE 


domingo, 22 de octubre de 2017

LA MUJER EN GRECIA





La principal misión de la mujer en la Grecia clásica era procrear y perpetuar la comunidad a través de los hijos, y su papel más destacado era la buena administración de la casa familiar, el oikos, la unidad socioeconómica básica de la ciudad antigua. Para ello, se educaba a la mujer en las artes prácticas útiles a tales fines y en las ciencias morales que la hacían acreedora del respeto de sus conciudadanos. Hay quien afirma, como el profesor Hanson, que la polis clásica nació a partir de la fragmentación del suelo y del trabajo agrícola en unidades familiares, que obtenían un lote de tierra para el cultivo. La transmisión de ese lote a través del matrimonio era fundamental para la cohesión social. La figura femenina, más allá de la función reproductiva debía tutelar en el ámbito de lo privado el buen funcionamiento del oikos. 

Por otro lugar, la educación de las niñas tenía lugar en el seno de la familia, ya que no existían en Atenas escuelas para muchachas. Una buena futura madre debía tener nociones de literatura, matemáticas, religión y moral tradicional (Homero era la escuela de todos los griegos). La alta cultura, sin embargo, les estaba normalmente vedada y las mujeres también eran excluidas de las cenas de los hombres, los simposios, en los que se cultivaba la conversación amical, la filosofía y la recitación de versos. 

Estas cortesanas eran mujeres independientes, que gestionaban sus propios bienes, pagaban impuestos y, a veces, ejercían una gran influencia pública. 


Respecto al ámbito público, la falta de información en las fuentes antiguas sobre el papel de mujer en la sociedad griega ha llevado a veces a menospreciar su importancia en el funcionamiento de la sociedad. Pese a que la polis no contaba con las mujeres para el desarrollo de magistraturas políticas o para las asambleas públicas, aquellas tenían un papel crucial en la vida religiosa de la ciudad. Como es bien sabido, religión, sociedad y política estaban indisolublemente unidas en la Atenas Clásica; la presencia de la mujer en puestos sacerdotales, o en los cultos y rituales de ciertas festividades (Panateneas, Antesterias, Gamelias, etc.), puede ser un indicio de su relevancia pública en este ámbito. 

LA MUJER EN ESPARTA

La situación de la mujer en Grecia no era en absoluto uniforme y ya en la Antigüedad se contraponían las libertades de las mujeres espartanas ala situación subordinada de las atenienses. La oligarquía espartana  permitía una mayor autonomía a la mujer, lo cual se reflejaba en las leyes de la ciudad y en la posibilidad de heredar, disfrutar de propiedades y ocuparse de actividades comerciales. Las mujeres espartanas recibían una educación parecida a la de los hombres en lo que a formación literaria, musical y deportiva se refiere. Eran educadas en congregaciones femeninas por tutoras de mayor edad. Su atuendo, el peplo dorio, también se asemejaba al de los hombres. Las jóvenes recibían un completo entrenamiento físico que las capacitaba para su importante función social: engendrar hijos fuertes para el ejército espartano. 

Las espartanas estaban obligadas y destinadas por la ley, como los espartanos, al matrimonio y a la perpetuación de la raza. Para liberar a las mujeres de la servidumbre del trabajo en el hogar, de modo que se pudieran dedicar a la educación de sus hijos, contaban con esclavas a su disposición. En paralelo con otras ciudadanas griegas, la principal finalidad de la mujer era la procreación de hijos y su educación hasta que a los siete años los niños pasaban a ser formados por el Estado. Las mujeres espartanas tampoco podían obrar en asuntos públicos, pero tenían una influencia importante en su sociedad y un cierto ascendente sobre los hombres, tal y como se desprende de las fuentes antiguas. Las leyes de Licurgo habían prescrito la ejercitación de las mujeres en carrera, lucha, lanzamiento de disco y combate con arco. Cuenta Plutarco que cuando una extranjera le preguntó a Gorgo, la esposa de Leónidas, por qué sólo las espartanas entre todas las griegas dominaban a los hombres, ésta respondió: "Porque sólo nosotras parimos hombres de verdad". 

Aristóteles criticó a la mujer espartana por sus excesivas libertades y por su capacidad de acumular posesiones y tierras. Y Plutarco suscribía la opinión de que los espartanos vivían como una suerte de esclavos de sus esposas. El tema de la excesiva libertad de las mujeres espartanas aparecen también en las Leyes de Platón. En cambio, Jenofonte subraya que en Esparta eran las esclavas las que se ocupaban de la casa para que las mujeres pudieran dedicarse a la actividad física que las preparaba para procrear hijos sanos.

Safo de Lesbos, una excepción. Gran poetiza que logró gran relevancia en el ámbito intelectual griego. 


HERENCIA Y PROPIEDADES

Otra gran diferencia entre Atenas y Esparta reside en el derecho testamentario. Las heredadas eran las hijas que heredaban todo el patrimonio de todo el padre si no había hijos varones. En Atenas estas mujeres tenían que casar por obligación con el pariente más cercano por línea paterna y engendrar un hijo, que se convertía en el heredero auténtico de los bienes del abuelo. Si la epíclera ya estaba casada pero no tenía hijos, su matrimonio quedaba invalidado y debía casarse con el pariente más cercano por línea paterna. Así se evidenciaba que la mujer no era propietaria de los bienes sino simplemente transmisora de la herencia, el medio al cual gracias al cual la propiedad se mantenía en el interior del genos, dela familia. Cuando se producía la muerte del propietario del kleros y sólo quedaba una hija, el pariente más próximo del padre podía dirigirse a las autoridades para reclamar la custodia de la propiedad y el derecho a casarse con la heredera.

La situación en Esparta era muy distinta. Si la mujer no deseaba casarse con el pariente más cercano por línea paterna o si este era impúber, podía quedarse con su patrimonio y casarse con otro miembro dentro de la tribu. De este modo, en Esparta la sueña se convertía en dueña verdadera de los bienes. A menudo se casaba con un terrateniente, creando así patrimonios fundiarios extensos. En cuanto a las dotes, algunos estudiosos piensan que en Esparta no existían. Probablemente la hija tenía derecho a una parte de la propiedad fundiaria del padre.

En general, las atenienses vivían en el gineceo (es decir, donde tejían, cocinaban y cuidaban y educaban a los hijos). 

FUENTE: HISTORIA NATIONAL GEOGRAPHIC. No. 7: LA GRECIA CLÁSICA. 



lunes, 16 de octubre de 2017

LA BATALLA DE TEUTOBURGO



La batalla del bosque de Teutoburgo es, sin temor a equivocarnos, una de las derrotas militares que más dolor y humillación provocó al pueblo romano. En aquel enfrentamiento, los germanos lograron exterminar a tres legiones completas junto a sus tropas auxiliares. Para entender las circunstancias que llevaron a este hecho debemos aclarar ciertas cuestiones: 

LA HISTORIA DE UN CONFLICTO 

Antecedentes y causas 

Ante los ojos de Roma, los germanos no eran más que un pueblo primitivo, sin embargo, dicha condición  no era un obstáculo para que éstos le asestaran dolorosas derrotas a los romanos. En consecuencia, Roma se vio obligada a ver con más cautela y seriedad a dichos pueblos.  

El primer encuentro germanos y romanos sucedió hacia el siglo II antes de Cristo. Según palabras de los historiadores romanos, los germanos eran "rubios, altos y fuertes" y luchaban prácticamente desnudos. Ya en el siglo I a. C. Julio César mencionó que muchos germanos eran semi-nómadas y que gustaban de la guerra, ya que este era su estilo de vida. Siempre estaban ansiosos de guerrear, no sólo en contra de los invasores, sino también entre ellos mismos. Debido a su naturaleza eran diestros en la caza, lo cual les servía como entrenamiento para la guerra.

Cráneo del cuerpo conocido como HOMBRE DE OSTERBY, hallado en la localidad homónima del norte de Alemania. En el cabello puede observarse el característico "nudo suevo", del cual conocemos una descripción gracias a Tácito. 

El primer contacto entre las tropas romanas y germanas se produjo con la expedición de los ambrones, teutones y cimbrios. Si damos crédito a lo que relata Plutarco, se tratarían de aproximadamente 1 millón de personas, de las cuales 300000 eran combatientes. Desde finales del siglo II a.C. los romanos temieron que los germanos atravesaran los Alpes. Se sucedieron varios enfrentamientos entre ambos pueblos, en los cuales siempre salían victoriosos los germanos, hasta que Cayo Mario fue elegido cónsul (104 a.C.), dignidad que conservó durante cinco años. Reformó el ejército y logró derrotar a los germanos en dos batallas, Aquae Sextiae y Vercellae. 

Una segunda fase de enfrentamientos entre germanos y romanos se remonta al momento en que Julio César y sus legiones avanzaron más allá del Rin. César observó la presencia de germanos en la Galia y el peligro que esto supondría a la larga le hizo iniciar una guerra preventiva. En el año 55 a.C., los germanos atravesaron el Rin, pero César logró capturar a los jefes tribales enemigos y cruzó el Rin en expedición punitiva. Dos años más tarde, César volvió a cruzar el Rin, pero aquella ocasión los germanos no osaron enfrentarle.

César reconoció la utilidad de los guerreros germanos como tropas auxiliares de sus legiones, y se sabe que hizo uso de ellos en la guerra que sostuvo Roma ante Vercingétorix. Años más tarde, durante el gobierno de Augusto, la Legio V Alaude cayó en una emboscada en Germania y casi fue aniquilada; tras estos hechos, el emperador comenzó un plan para someter a Germania. Druso fue el elegido para liderar esta campaña, que lanzó varias expediciones punitivas y estableció nuevos campamentos en el Rin, que desde ese entonces se convertiría en una fortaleza.

En el año 11 a.C. Druso se aventuró al interior de Germania, alcanzando el Elba, y con ello provocó la retirada de varios pueblos a la orilla opuesta. Los queruscos, aterrorizados, firmaron una alianza con Roma. Druso repitió la proeza en diversas ocasiones, sin embargo, cuando se dirigió en contra de los hermunduros y los suevos, sufrió una caída que lo dejó malherido.

Augusto envió a Tiberio para que socorriera a su hermano, pero este no resistió y poco después murió. Tiberio continuó con la tarea de su hermano, y al cabo de un tiempo logró someter a todos los pueblos que se le interpusieron. Sucedieron otras expediciones, la más ambiciosa de ellas tenía el objetivo de alcanzar el curso medio de los ríos Elba y Weser. La campaña era apoyada con el apoyo de algunos pueblos germanos, como los queruscos, liderados por un joven llamado Arminio. Tras esta sucesión de triunfos, Tiberio llevó a la convicción de que Germania era un territorio a punto de ser romanizado.


Durante su estancia en Roma, Tiberio convenció al emperador de que Germania era una zona pacificada y que necesitaba un gobernador y cuestor. Augusto confió en un hombre: Publio Quintilio Varo, un burócrata de alto nivel. Vario partió hacia Germania hacia el año 7 d.C. y la primera tarea que tuvo fue evaluar la provincia que gobernaba. Mantuvo reuniones, celebró desfiles militares, recibió el homenaje, juramento y promesa de lealtad, y reclutó tropas. Los germanos no comprendían el derecho romano y veían a los burócratas como individuos arrogantes que administraban un territorio que no era suyo. Fue normal que los germanos se sintieran como esclavos en su propia tierra, lo cual acrecentó el odio que le tenían a los romanos. Aunado a esto, los romanos flagelaban a todo aquel que no se sometiera a su ley, sin importarles que en la cultura germana eso era de las peores ofensas que podrían recibir.

Durante el segundo año de su gobierno, Varo comenzó la construcción de una nueva capital:Aliso, cuya ubicación exacta es ignorada hoy en día. La creación de dicha capital, llevó a los veteranos a establecerse allí, así como el cuartel general del gobernador, además de la llegada de gran número de comerciantes. Para todo esto, los marsos fueron despojados de su territorio y forzados al destierro. Todas estas circunstancias fueron acrecentando el odio de los germanos hacia los romanos, pero el hecho que colmó su paciencia fue la prohibición al uso de las armas. La élite germana pedía tener a sus propios ejércitos y comandarlos, lo que Roma les ofreció era la ciudadanía romana en calidad de equites, lo que estaba muy alejado de la alta aristocracia romana.

En el momento más tenso, Varo sólo contaba con un aliado: Segestes, sin embargo, ignoró los informes de la inminente rebelión que se estaba fraguando en su contra.

Arminio fue quien ideó la rebelión, aquel hombre era un querusco. Al tener la edad adecuada, junto a su hermano Flavo se pusieron al frente de la caballería querusca en apoyo de las tropas romanas, mientras Segestes lideraba el resto de las tropas de dicho pueblo.

Flavo se enroló en las tropas auxiliares romanas, siguiendo las ambiciones militares que tenía en mente. Por otro lado, Segestes deseaba el poder supremo en el territorio de los queruscos que estaba bajo el mando romano. Sin embargo, el obstáculo que se interponía era Arminio. Es por ello comprensible que Segestes haya juzgado adecuado apoyar a las tropas romanas. Arminio era aún más ambicioso y apoyaba el objetivo de liberar a toda Germania de las manos romanas. A los romanos no les convenía la existencia de líderes germanos poderosos así que la única alternativa que tenía Arminio era expulsar a los romanos de Germania.

El plan de Armino era simple pero brillante: provocar a Varo y a su ejército para que marcharan a través de un territorio apartado, preferiblemente boscoso, donde las legiones fueran incapaces de desplegarse y maniobrar correctamente. Arminio hizo partícipes de su plan a algunos líderes queruscos, que se adhirieron con entusiasmo. Segestes se opuso, pero el hermano de éste e incluso su hijo, aplaudieron el plan.

Una vez llegado a este acuerdo, que se mantuvo en secreto, se puso de relieve el problema de que una única tribu sería incapaz de derrotar por sí sola a Roma. Los jefes tribales acordaron un plan de acción. Los caucos, que eran los que se encontraban a mayor distancia de Aliso, representarían el papel de "malos" y darían comienzo a la revuelta por medio de disturbios y tumultos. Los queruscos, por el contrario, representarían el papel de "buenos" y ante estas circunstancias pedirían ayuda a los romanos para que se libraran de la presencia de los "perversos caucos". El papel de los brúcteros era algo diferente: debían de dar una imagen de hostilidad para que de este modo, Varo se viera obligado a dividir sus fuerzas. Los marsos tenían la obligación de bloquear la retirada de los romanos.

EL ATAQUE GERMANO

Dadas las condiciones del clima y del territorio, el ejército romano es muy lento en su movimiento, la columna debe abrirse paso cruzando un territorio salvaje, en donde grandes y frondosos árboles deben ser talados y retirados del camino, e incluso se construyeron una serie de puentes temporales para atravesar las corrientes acuáticas que les obstaculizaban el paso.

En medio de una tormenta, acompañada de fuertes vientos, la entumecida y casi dispersa columna romana es atacada en varios puntos. La infantería, desordenada, mezclada con civiles e impedimenta, y sobre un terreno adverso, no puede presentar una defensa organizada ante el enemigo.

El ataque del enemigo fue tan devastador para los romanos, que decidieron deshacerse de todos los carromatos posibles y todo el material innecesario, aligerando así, para el día siguiente, el paso de la columna. Gracias a las medidas tomadas, la columna romana progresa con mayor facilidad y en mejores condiciones que el día anterior, pues puede mantener mejor la formación, aunque los germanos continuaron atacando y causando gran número de muertes a Roma. Se hizo de noche en un gran claro del bosque. Al amanecer los romanos salen de ahí y vuelven a penetrar en el bosque. La batalla se vuelve más feroz y las legiones romanas tienen que hacerse paso a costa de numerosas bajas.


Hacia el último día, la lluvia y el viento vuelven a hacer acto de presencia en el campo de batalla. Los romanos, empapados y sin poder hacer uso de sus armas, como los escudos, arcos, arcos y jabalinas, que han quedado inservibles por la lluvia, ven cómo pueden apenas avanzar o fortificarse en el terreno. Fue en este momento de gran matanza que Varo, a quien habían herido, decide quitarse la vida. Se dice que su cabeza fue llevada a Marbod, rey de los marcomanos, sin embargo, este la devolvió por temor a las represalias. La gran mayoría de los líderes romanos fueron conducidos hacia los árboles sagrados, donde fueron torturados y posteriormente ejecutados.

Suetonio narró dela siguiente manera lo que provocó la pérdida de tres legiones y sus tropas auxiliares al emperador Augusto:

"Experimentó tal desesperación, que se dejó crecer la barba y los cabellos durante muchos meses, golpeándose a veces la cabeza contra las paredes, y exclamando Quintilio Varo, devuélveme mis legiones"




FUENTE: REVISTA DESPERTA FERRO (Antigua y Medieval): TEUTOBURGO

jueves, 24 de agosto de 2017

LOS VIKINGOS LLEGAN A AMÉRICA


Durante siglos los historiadores europeos y americanos han sostenido una viva polémica acerca de la llegada de los vikingos a América: ¿Se trata de un hecho histórico o de pura leyenda? La historia de los viajes de Leif Ericson y sus vikingos al Nuevo Mundo se refiere con todo detalle en dos sagas, ¿pero eran estas de carácter histórico o novelesco? Los defensores de la teoría de la prioridad vikinga en la llegada a América, efectuado, según ellos, mucho antes que la de Colón, se desesperaban al ver que, pese a todos sus esfuerzos, no podían hallar pruebas irrefutables que confirmasen las sagas. 

Hasta que en el otoño de 1963 se produjo un hecho sensacional. Bajo grandes titulares, algunos periódicos publicaron que un explorador había descubierto la casa de Leif Ericson en Terranova. Hace unos años, los arqueólogos más prudentes no quieren pronunciarse abiertamente sobre el caso, pero no hay duda de que el doctor Helge Ingstad descubrió unas ruinas de inequívoco carácter vikingo y que anteceden al viaje de Colón en casi quinientos años. 


Después de efectuar tres expediciones durante las cuales reconoció la costa atlántica de Norteamérica desde el mar y desde el aire, y con ayuda de un antiguo mapa, el doctor Ingstad eligió el extremo septentrional de la isla de Terranova como el lugar más indicado para buscar la colonia descrita en las sagas. Y fue allí, en su cuarta expedición, donde descubrió los restos de nueve construcciones y una forja primitiva cerca del pueblecito de L´Anse aux Meadows. Sólo subsistían los pisos de tierra, muy deteriorados, la base de las paredes de turba y unos hogares con madera carbonizada, junto con algunos fragmentos de hierro y un yunque de piedra. Pero una de las antiguas construcciones presentaba un gran vestíbulo al estilo vikingo y los hogares eran típicamente nórdicos. Aquellas edificaciones no se parecían por su estructura y su estilo a las que se construyen los esquimales o los indios; además, los aborígenes americanos desconocían la fundición del hierro. 

                               

 LOS NÓRDICOS EN AMÉRICA SEGÚN LAS SAGAS 

Las dos colecciones de sagas que refieren la historia de los primeros viajes vikingos a América son el "Libro de Flatey" escrito a finales del siglo XIV y el "Libro de Hauk" escrito a principios del mismo siglo; la gran diferencia entre estos libros es que en el "Libro de Flatey" fue Bjarni Herjulfon el primero en avistar tierras americanas pero no desembarcó en ellas, en cambio Leif Ericson sí lo hizo. Antes de llegar a lo que hoy es América, los nórdicos realizaron dos recaladas, a la tercera llegaron a una tierra abundante en salmón, la caza y la hierba. También encontraron gran cantidad de uvas y la comarca fue llamada Vinland, "tierra de la vid..."

Uno de los episodios más interesantes de este viaje es el encuentro de los nórdicos con los nativos, que fueron llamados por los primeros con el nombre de skraellings. Después de regresar de explorar las tierras cercanas notaron que habían en su campamento tres canoas con tres nativos cada una. El grupo entonces se dividió y se apoderó de todos ellos, a excepción de uno que escapó en una canoa. Realmente este suceso fue muy desafortunado para los nórdicos porque al otro día el campamento estaba rodeado de un gran número de canoas con nativos dispuestos a atacar; pocos después lanzaron una lluvia de flechas e hirieron a Thorvald, el hermano de Leif, quien, según lo escrito en las sagas, ordenó a sus compañeros que partiesen y pronunció las siguientes palabras: pero antes me dejareis en ese promontorio, en el que me hubiera agradado tanto vivir. Y así Thorvald recibió sepultura en la primer tumba nórdica en territorio americano. 

Después de diversos acontecimientos, volvieron a aparecer una gran cantidad de canoas frente al campamento vikingo, sin embargo, ahora iban en son de paz y dieron a entender que lo que intentaban hacer era comerciar con ellos, pero un toro que salió mugiendo del bosque embistió a los indios, y se desató el caos, los nativos lograron escapar. Orillados por el hostigamiento de los nativos y también por las inclemencias del clima, los nórdicos decidieron regresar a sus tierras, no sin antes, según lo relatado en las sagas, raptar dos muchachos indígenas a las cuales les enseñaron a hablar nórdico. La aventura había llegado a su fin, los viajes que se realizaron a esas tierras fueron esporádicos y no tenían el fin de colonizar la tierra, eran viajes en busca de materia prima. 



martes, 22 de agosto de 2017

ZEUS, EL PADRE DE LOS DIOSES


Zeus es el más grande de los dioses del panteón helénico. Es el dios de la luz, del cielo sereno, del rayo, del orden universal y el encargado de salvaguardar la justicia, pero no se le identifica con el cielo, como Apolo no se identifica con el Sol, o Poseidón con el mar; ese puesto es de su abuelo, Urano. 

Como todos los dioses olímpicos, Zeus pertenece a la segunda generación de los dioses. Su padre, Cronos, fue advertido por un oráculo sobre su destronamiento a manos de uno sus hijos, es por ello que devoró a cada uno de ellos, excepto a Zeus quien fue resguardado por su madre, y enviado a Creta para que allí creciera y fuera educado por las ninfas. Al llegar a la edad viril decidió confrontar a su padre, y liberar a sus hermanos, para esto pidió consejo a Metis, quien le facilitó una pócima que hizo vomitar a Cronos. La lucha por el poder duró diez años, y los olímpicos resultaron vencedores, en aquella lejana época, Zeus recibió de mano de los cíclopes, el rayo que tanto le caracteriza, y también desde ese tiempo quedó decidido el reparto del gobierno del mundo. 

Gracias a las obras de los antiguos poetas, podemos saber que Zeus corrientemente habita en el Monte Olimpo, y que ocasionalmente baja a la tierra para caminar entre los mortales; uno de sus lugares predilectos es Etiopía, pueblo piadoso entre todos los pueblos. A pesar de ser el Dios de mayor jerarquía de todos los existentes de Grecia, no escapa de los Hados, a los cuales está sometidos como todo ser. Es un ser providencial, y está consciente de su responsabilidad, es el único que no se deja llevar por sus caprichos, excepto si se trata de caprichos amorosos. También es el dispensador de los males y de los bienes. 

Su aparición en diversos episodios mitológicos son tan grandes en número, que cada uno de ellos merece ser tratado por separado. 


domingo, 6 de agosto de 2017

JACK EL DESTRIPADOR


En Whitechapel, barrio situado en los bajos barrios del Londres victoriano, un carretero regresaba a su hogar tras la jornada de trabajo. Habían dado ya las tres de la madrugada, y aquel hombre cansado no podía imaginar el terrible hallazgo que encontraría en su camino. Sobre una acera yacía una mujer pavorosamente desfigurada, en medio de un gran charco de sangre. La difunta se llamaba Mary Ann Nichols, tenía 42 años y ejercía el denominado "oficio más viejo del mundo. El asesino le había asestado brutales cuchilladas con la matemática precisión de un cirujano. Nadie lo sabía entonces, pero en aquel momento, el 31 de agosto de 1888, nacía un mito en la historia del crimen: Jack el destripador. Más de un siglo después, la amistosa identidad del asesino serial todavía suscita grandes polémicas. 

Pocos días más tarde, la también prostituta Annie Chapman apareció con la cabeza prácticamente separada del cuerpo. Además, el homicida le había abierto el vientre de un tajo para después extraerle las vísceras. Pero la pesadilla estaba lejos de concluir. En las jornadas siguientes se hallaron los cadáveres de otras tres mujeres, todas profesionales del sexo en aquel barrio de mala muerte. A Mary Jane Kelly, una hermosa pelirroja de ojos negros de apenas 25 años, la encontraron despellejada como si fuera un animal. 

Mientras tanto, la policía recibía centenares de cartas en las que sus desconocidos autores se confesaban responsables de las muertes y proporcionaban detalles escalofriantes sobre las mismas. De muchos de estos textos se demostró la falsedad, pero no se sabe con certeza cuántos eran auténticos. 

Tal vez la más escalofriantes de estas misivas fue la que recibió Akin Lusk, responsable del Comité de Vigilancia de Whitechapel. Tenía un artículo que se haría célebre: "Desde el infierno". Con absoluta crudeza, el autor decía a Lusk que le enviaba la mitad del riñón que había extraído a la mujer. La otra mitad se la había comido, como si fuera una prefiguración de Hannibal Lecter. 

La policía no tenía la menor idea de quién podía ser el misterioso criminal. Sin embargo, pese a las amenazas, después de matar a Mary Jane Kelly, no volvió a actuar y nada más se supo de él. Su rastro se perdió para siempre en la niebla londinense. 

EL MÉDICO Y EL DUQUE 

La sociedad británica se sintió conmocionada: arrebatar una vida por puro placer no tenía cabida en la imaginación de los ciudadanos. Con el Destripador aparecería un nuevo concepto de criminología: el del asesinato en serie. El desgraciado asunto ponía al descubierto las múltiples miseria de la Inglaterra victoriana, un mundo profundamente clasista y regido por estrictas normas morales. Bajo el esplendor de un imperio mundial el país ocultaba la pobreza de millones de personas con serias dificultades para mantener la más estricta supervivencia. 

Aunque Scotland Yard investigó los hechos, la identidad del asesino no pudo ser revelada satisfactoriamente. Cuando, a finales de 1888, un abogado se arrojó a las aguas del Támesis, la policía identificó al suicida con Jack el Destripador. Ya no eran necesarias más investigaciones, tampoco continuar con la instrucción del sumario. Sin embargo, el nombre del difunto permaneció en secreto, circunstancia que alentó las más variadas especulaciones. Hoy sabemos que se llamaba Montague Druitt y que provenía de una familia de médicos, hecho que podía explicar los conocimientos que demostraba Jack. Al parecer, estaba relacionado con algunos personajes influyentes, entre los que se hallaba el duque de Clarence. Alberto Víctor, nieto de la reina Victoria. 

El duque es el protagonista de una hipótesis muy popular sobre el Destripador, que implica a la Casa Real Británica. Según esta versión, Alberto Víctor, el hijo mayor del futuro Eduardo VII, se había casado en secreto con una plebeya, una dependienta llamada Annie Elizabeth Crook. De la unión habría nacido una niña, que se había puesto al cuidado de la prostituta Mary Jane Kelly, quien habría intentado chantajear a la monarquía. Esos explicaría que se enviara a William Gull, médico de la casa real, para silenciarla. A ella y sus cuatro amigas. Esta fue la teoría que formuló, en 1967, el escritor Stephen Knight en el libro Jack the Ripper: The Final Solution. La candidatura de Gull, como la de Montague Druitt, carecía de pruebas que la avalaran. 

EL EMPRESARIO CELOSO

La aparición en 1991 del presunto diario del asesino, un manuscrito de 64 páginas, dirigió todas las sospechas hacia James Maybrick. Este empresario algodonero de Liverpool era un hombre de unos cincuenta años, estatura mediana y mirada penetrante. Adicto al arsénico, llevaba una vida disoluta, y todos los fines de semana viajaba a Londres para visitar los burdeles. Pero no se tomó a bien que su esposa Florence, veinticuatro años más joven, le fuera infiel. ¿Decidió entonces que las prostitutas iban a pagar los platos rotos?

La afirmación en el diario de Maybrick de que se había llevado el corazón de Mary Jeane Kelly, la última de las víctimas de Jack el Destripador, resultaba inquietante, puesto que este dato no fue del dominio público hasta 1987. El asunto, en realidad, era muy confuso. El descubridor del diario, acabó por reconocer que lo había escrito él, aunque más tarde se retractó. En general, los especialistas coinciden en que se trata de un documento apócrifo. 

Una de las recientes teorías apunta a un emigrante polaco, Aaron Kosminski. En 2007, el hombre de negocios Russell Edwards, adquirió el supuesto chal de Catherine Eddowes, la segunda víctima del Destripador, y encargó un análisis del ADN encontrado en la prenda. El resultado apuntó a Kosminski a través de una comparación de algunos de sus descendientes. A partir de esta conclusión, Edwards anunció en 2014 que había resuelto el caso y publicitó el libro en que lo exponía "Naming Jack The Ripper". La teoría, sin embargo, suscitó críticas, al basarse en una identificación genética de cuestionable exactitud, tal como lo manifestaron varios expertos. 

HISTORIA DE LA I GUERRA MUNDIAL: EL DESLIZAMIENTO HACIA LA GUERRA




El 23 de julio, a las 6:00 de la tarde, el embajador austro-húngaro envió un ultimátum al gobierno serbio, emprendiendo el camino de una guerra mundial. El ultimátum exigía que los serbios eliminasen las organizaciones terroristas anti-austriacas, que detuviesen la propaganda anti-austriaca y que permitiesen la participación de oficiales austro-húngaros en la investigación de los asesinatos de Sarajevo. Los serbios tenían 48 horas para aceptar las condiciones del ultimátum o hacer la guerra. Serbia aceptó la mayoría de las condiciones, pero -garantizando el apoyo de Rusia- se negó taxativamente a que oficiales austriacos interviniesen en su territorio.

Seguía siendo posible una solución diplomática. El 26 de julio, sir Edward Grey, ministro británico de Asuntos Exteriores, propuso una conferencia de las principales potencias. El káiser Wilhelm II, a su regreso de un crucero vacacional por el mar del Norte, se entusiasmó por la humillación de Serbia y sugirió que la guerra ya no era necesaria.

LA REACCIÓN RUSA

Los elementos dominantes de la élite política y militar austro-húngara no deseaban un triunfo diplomático. Lo que querían era desmembrar Serbia y apuntalar la autoridad de los Habsburgo. Así pues, el 28 de julio, Austria-Hungría declaró la guerra formalmente a Serbia. Quedarse quieta mientras Austria -Hungría derrotaba a Serbia habría supuesto una grave humillación para Rusia; había indicado el final de su anhelada pretensión de expandir su influencia por los Balcanes y en dirección a Constantinopla (la actual Estambul). De ese modo, el 28 de julio, Rusia decidió movilizar sus fuerzas armadas en aquellas regiones enfrentadas a Austria-Hungría, pero no a lo largo de su frontera con Alemania. De repente, las grandes potencias europeas vieron cómo la perspectiva de la guerra se extendía para absorberlas a todas.

La inseguridad y las crisis de la década anterior habían fortalecido las alianzas rivales y habían intensificado los recelos mutuos. Francia y Rusia percibieron que debían resistir o car juntas, pero ninguna de las dos tenía la capacidad industrial o militar para hacer frente a Alemania por su cuenta. Al no hacer ningún esfuerzo para contener a su aliado, los franceses abandonaron de hecho cualquier influencia en el desarrollo de la situación.

MOVILIZACIÓN ALEMANA

En aquel punto de la crisis, una guerra generalizada estaba aún muy lejos de ser inevitable. Pero las principales figuras de los círculos dirigentes alemanes, entre las que se encontraba el Jefe de Estado Mayor, Moltke, y el ministro de Defensa prusiano, Erich von Falkenhayn, decidieron que el momento de la presagiada guerra había llegado, Moltke había argumentado en ocasiones anteriores que, para Alemania sería mejor que la guerra estallase cuanto antes. El 29 de julio, instó la movilización para respaldar a Austria-Hungría. Los planes bélicos alemanes estipulaban que aquella debía dirigirse tanto contra Francia cuanto contra Rusia y que debía implicar la invasión de la neutral Bélgica.

Entre tanto, en San Petesburgo, el debate giraba en torno al sentido práctico de una movilización parcial. Serguéi Sazónov -ministro de Asuntos Exteriores ruso-, temeroso de las intenciones alemanes, forzó una movilización general la tarde del 30 de julio, lo que les hizo el juego a los halcones alemanes, quienes podían aducir entonces que estaban respondiendo a una agresión rusa.

El 31 de julio, el canciller alemán Bethmann-Hollweg le preguntó a Moltke: "¿Está en peligro la patria?. Moltke respondió afirmativamente. El I de agosto, Alemania declaró la guerra a Rusia. El káiser hizo una última apuesta desesperada a favor de la paz enviando un telegrama a su primo, el zar Nicolás II, pero ninguno de los dos jefes de Estado tenían el control de la situación. Cuando el káiser ordenó a Moltke que limitase la guerra a Rusia, le dijeron que la movilización para una guerra en dos frentes no podía cambiarse. El 3 de agosto, Alemania declaró la guerra a Francia.

LOS BRITÁNICOS ENTRAN AL JUEGO

Para los alemanes, un factor crucial aunque desconocido era la reacción de Gran Bretaña. El gobierno británico estaba horrorizado ante la idea de una guerra. Un círculo interno de ministros había ido más allá de lo que se sabía públicamente en cuanto a apoyar a Francia en caso de guerra. Al inicio de las hostilidades, el círculo no tuvo el beneplácito de los demás ministros. Menos ambiguo que las ententes británicas con Francia y Rusia, fue el compromiso con Bélgica. Gran Bretaña era garante de la neutralidad belga según el Tratado de Londres (1839). A fin de aplicar el Plan Schlieffen, el ejército alemán debía cruzar Bélgica. El 2 de agosto, Alemania solicitó servidumbre de paso para sus tropas.

Los belgas optaron por luchar. Cuando los alemanes entraron en Bélgica el 3 de agosto. Gran Bretaña respondió exigiendo su retirada. La declaración de guerra de Gran Bretaña a Alemania se dio el 4 de agosto. El canciller Bethmann-Hollweg le dijo al embajador británico saliente, Edward Goschen, que Gran Bretaña había entrado a la guerra "por un simple pedazo de papel".