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martes, 24 de octubre de 2017

¡ESTO ES ESPARTA!



Nuestro conocimiento sobre Esparta no proviene de los propios espartanos, sino de los demás griegos. Esparta prácticamente no produjo literatura, salvo los poemas de Tirteo en el siglo VII. Sin embargo, la curiosidad que despertaba en las demás polis fue grande, que incluso les dedicaron abundantes textos. En la época Clásica, Jenofonte escribió una obra en su honor, una breve monografía titulada: La República de los Lacedemonios. Platón se basó en ella como modelo para las ciudades ideales de La República y Las Leyes. Como es bien sabido, aquellos pensadores provenían de Atenas, la polis que competía con Esparta por el liderazgo en Grecia.

Esparta es el nombre de un pequeño núcleo urbano que funcionaba como capital de un Estado más amplio conocido por los griegos como Lacedemonia. Lacedemonios era el nombre que recibían los espartanos, y su lambda inicial aparecía en el escudo de sus hoplitas durante la Época Clásica. Otra denominación para la región era la de Laconia y de ahí nuestro adjetivo "lacónico", "conciso", "escueto", pues se atribuía a los espartanos un humor seco y de pocas palabras. 

FORMA DE VIDA 

Los espartanos de élite estaban sometidos a la autoridad del Estado desde el momento de su nacimiento. El varón recién nacido era examinado por un grupo de ancianos para comprobar que estaba sano y no sufriera deformaciones. De no pasar la prueba, se lo llevaban a un lugar del Monte Taigeto conocido como Apótetas -depósito, vertedero- y lo abandonaban allí, sin derramamiento de sangre para no manchar el ritual. De pasar la prueba, el niño se quedaba viviendo los primeros años con su madre y el resto de las mujeres de la casa. Las espartanas tenían la fama de ser excelentes criadoras, y en otros lugares las contrataban como nodrizas por la calidad superior de su leche materna. 


A los siete años, la ciudad se encargaba de la educación de los niños, llevándoselos de casa de sus padres. En cierto modo, un espartano iniciaba su servicio militar a esa edad, y ya no lo abandonaba nunca, pues incluso los ancianos formaban parte del ejército. Durante los primeros años, a los jóvenes los repartían en grupos de edad, al mando de líderes escogidos por ellos mismos.



Casi todas las actividades estaban destinadas a endurecer sus cuerpos y convertirlos en soldados disciplinados. Peleaban desnudos y les cortaban el cabello a rape. La única prenda que les proporcionaban era una manta de lana y tan sólo se lo cambiaban por otro cuando crecían. También les hacían pasar hambre. Se acostumbraban a robar gallinas y lo que fuera menester en las fincas cercanas y si los sorprendían los azotaban, no por robar, sino por torpes.

A partir de la adolescencia, los muchachos pasaban a un nuevo ciclo, en el que desarrollaban relaciones homosexuales con jóvenes adultos, que se convertirían ala vez en sus amantes y mentores. El amante era un espejo para su amado, un modelo de disciplina y de virtudes.

En este ciclo empezaba el entrenamiento propiamente militar. Es posible que algunos jóvenes que se acercaban al final de su adiestramiento fueran seleccionados para la llamada kripteía. Sus jefes los sacaban del campamento y armados con simples puñales y con raciones muy cortas de comida, los soltaban en territorio de los ilotas, probablemente en Mesenia. Durante el día, los jóvenes espartanos se escondían, pero al caer la noche salían a los caminos y bajaban a las aldeas para matar ilotas.

Por último, antes de terminar su etapa de iniciación, los jóvenes debían pasar por un ritual sangriento, el de la flagelación ante el altar de Ártemis Ortia. Llegados a los veinte años los jóvenes espartanos se integraban en el ejército. A partir de ese momento podrían dejarse crecer el cabello y también la barba; el bigote se lo afeitaban normalmente. Los cabellos largos eran un orgullo para el espartano, que se lo peinaban cuidadosamente antes de entrar en combate.

Sin embargo, aún no se les consideraba ciudadanos de pleno derecho. Mientras eran jóvenes, seles inculcaba tanto el respeto a sus mayores que agachaban la mirada cuando se cruzaban con ellos y no podían hablarles si ellos no les dirigían la palabra primero. Lo que si podían era unirse a los banquetes, llamados syssistía. 

Un espartano adquiría la ciudadanía de pleno derecho hasta los treinta años. Y a esta edad era común que se casaran. A diferencia de los espartanos, las espartanas gozaban de mayor libertad que sus iguales de otras polis. (Información más detallada en el artículo: LA MUJER EN GRECIA

SOCIEDAD Y GOBIERNO

La base de la sociedad espartana eran los que trabajaban la tierra, los llamados ilotas. Su nombre parece que proviene de una raíz que significa "capturar" y en cierto modo eran prisioneros de una guerra perpetua declarada contra ellos. La condición de los ilotas se diferenciaba de los esclavos comunes. No eran una mercancía que se podía vender, sino que estaban unidos como un solo lote a la parcela de tierra que trabajaban.

El siguiente escalón de la pirámide social estaba formada por los periecos, cuyo significa "los que viven alrededor". Se trataba de los habitantes de las aldeas y ciudades de Laconia y Mesenia,que no habían sido sometidos por la fuerza, probablemente porque habían optado por rendirse ante Esparta y firmar algún tipo de pacto con ella. Los periecos tenían sus propias instituciones y se gobernaban a sí mismos a nivel local. Además de cultivar sus tierras, se dedicaban a trabajos que los espartanos consideraban poco dignos, como el comercio y la artesanía. La política exterior y militar de los periecos dependía de lo que ordenase Esparta.



Había otros ciudadanos de condición inferior, los llamados "inferiores, que debieron ser espartiatas (ciudadanos de élite) empobrecidos y que habían perdido sus derechos por diversas causas. Otro sub-grupo fue el de los "bastardos", que más que hijos ilegítimos debió tratarse de hijos de ciudadanos que habías perdido sus derechos. Y por último en este escalón, estaban también los "ciudadanos nuevos", que fueron ilotas ascendidos por sus servicios militares o porque se habían emancipado.

Por último tenemos a los espartiatas, aquellos ciudadanos de pleno derecho, una vez superadas las duras pruebas y cumplidos los treinta años. A diferencia de lo supuesto, estos ciudadanos no hacían ostentación de su riqueza, las normas sociales dictaban que los espartanos vistieran de forma sobria, casi como con una especie de uniforme para que no se viera la diferencia entre ricos y pobres. También se tenía prohibido grabar el nombre del fallecido en sus lápidas, excepto el de las mujeres que perdían la vida durante el parto. También se dice que los espartanos comían con gran sobriedad y tenían prohibido acuñar monedas.

En la organización política, los espartanos contaban con la Gerousía o consejo de ancianos. Se trataba de una especie de Senado; lo componían 28 miembros mayores de 70 años y elegidos entre las familias más destacadas. En él se preparaba la orden del día, discutiendo propuestas que luego se sometía a la ciudadanía. Funcionaba como tribunal supremo de justicia y de censura. Existían otros dos miembros, que elevaba a 30 el número de sus miembros, ¿quiénes eran?: sus dos reyes.

Existían dos dinastías, los Agíadas y los Euripóntidas y cada una de ellas llevaban su propia sucesión de forma independiente. Los reyes estaban exentos de la difícil educación que sufrían los demás y su función principal era comandar al ejército.

Finalmente, hablaremos de los éforos. Eran cinco magistrados elegidos cada año entre el conjunto de ciudadanos que formaban la asamblea. El mayor de ellos le daba nombre al año. Sus competencias eran varias: convocaban las reuniones de la asamblea y las presidían, eran guardianes de la ley y las costumbres y podían juzgar incluso a los reyes. Su función principal era el control de ambos reyes. Cada nuevo años observaban el cielo en busca de cometas o estrellas fugaces y así decidir el destino de los reyes.

Representación de los Éforos

FUENTE: LA AVENTURA DE LOS GRIEGOS. J.NEGRETE 


domingo, 10 de septiembre de 2017

SIMO HÄYHÄ: LA MUERTE BLANCA



La versión más aceptada menciona que Simo nació en Rautjärvi hacia el 17 de septiembre de 1905, sin embargo, no existe certeza en este dato. Era el segundo hijo más joven de ocho. Estudió gramática en la escuela y a temprana edad auxilió a sus padres en la granja familiar. Gustaba de practicar el esquí, cazar, disparar y jugar Pesapallo. 

Häyhä ingresó a los diecisiete años a la Guardia Civil Finlandesa; un cuerpo que provenía de la vieja Guardia Blanca que otrora combatió contra la denominada Guardia Roja, en la guerra civil finlandesa. Fue ahí, en la Guardia Blanca, donde pasó innumerables horas al aire libre perfeccionando su puntería.

Vesa Nenye, Peter Munter y Toni Wirtanen mencionan en su obra Finland at war: The Winter War 1939-40, que su talento como tirador era tal que ganó competiciones acertando a un pequeño objetivo ubicado a 150 metros, seis veces seguidas. Entre 1925 y 1927 el joven finlandés ingresó a realizar el servicio militar en el Batallón Ciclista. 

Posteriormente fue ascendido a cabo. Apenas unos meses después pasó las pruebas necesarias para convertirse en francotirador. Sin embargo, Simo decidió retirarse a su granja para vivir tranquilamente. 


LA GUERRA DE INVIERNO 

Hacia el año 1939, poco después de que Hitler y Stalin se repartiesen Polonia, el líder soviético ya se había anexionado Letonia, Lituania y Estonia. Ansioso por extender sus territorios, puso su mirada en Finlandia, una región, que al estar bajo sus dominios, le garantizaría una salida al Mar Báltico. 

El 14 de octubre de 1939, Stalin invitó a una delegación finlandesa para convencerles que lo mejor para ellos era aceptar "la hoz y el martillo". Los emisarios regresaron a su país, y tardaron un mes para hacer llegar su respuesta a los soviéticos, lógicamente declinaron la oferta. Stalin respondió con una ataque sin previo aviso, ni declaración de guerra.

El 30 de noviembre de 1939 comenzó la Guerra de Invierno. En apariencia este conflicto no debía significar ninguna complicación para el ejército soviético, sin embargo, se encontró con un aferrado ejército local que no pensaba rendirse.

Al comenzar la contienda, Simo Häyhä se reincorporó al ejército finlandés para combatir a los soviéticos. Los finlandeses estaban en clara desventaja numérica; los soviéticos tenían cien soldados por cada soldado de Finlandia. Por lo anterior los lugareños optaron por esconderse en los bosques y atacar sólo cuando era propicio.

"Moviéndose por estrechos senderos en los bosques o esquiando sigilosamente, las tropas finlandesas caían como fantasmas sobre los aterrorizados soldados rusos, para poco después esfumarse en la niebla. Ante la falta de armamento adecuado, los finlandeses recurrieron a la imaginación e inventaron el posteriormente llamado "coctel molotov".

En este ambiente actuó Simo, quien se ganó el apodo de "la muerte blanca", no sólo por las innumerables bajas soviéticas que logró, sino también por su atuendo totalmente blanco. Häyhä amaba disparar en temperaturas bajas, poniéndose un trozo de nieve en la boca para evitar que su aliento desvelase su ubicación. También odiaba disparar con la mira telescópica por dos razones: el cristal a bajas temperaturas solía romperse, además el reflejo que producía debido a los rayos solares podía revelar su ubicación.

Simo logró abatir a más de 500 soviéticos, además de 200 más que logró asesinar usando un subfusil para distancias cortas. Todo esto lo logró en un periodo de 100 días.


Fusil Mosin Nagant M28, el preferido de Simo. De origen soviético e introducido a tierras finlandesas durante la década de los 20.


Soumi M 31. Su arma de apoyo para las distancias cortas. 


Uno de los enfrentamientos en donde más dañó causó Häyhä fue la batalla de Kollaa, una posición ubicada cerca de la frontera con la Unión Soviética. Aunque Simo no contaba las bajas que producía sus compañeros si lo hacían, apenas habían transcurrido tres días y ya había acabado con 51 soldados enemigos. Sus superiores no lo creían, sin embargo, al constatar que se acercaba a 200 bajas y al ganar un duelo épico contra un francotirador enemigo, Simo fue ascendido a sargento.

En las semanas siguientes se tenía la impresión que ningún arma soviética podía lastimarle. Sin embargo, el 6 de marzo de 1940 una bala explosiva pudo impactarle en el rostro. La herida fue tal que incluso se decía que había perdido la mitad de su rostro. Sus compañeros le trasladaron a un hospital cercano donde pudo salvar la vida a pesar de la grave pérdida de sangre que sufrió. Poco después Finlandia firmó la paz con la Unión Soviética a cambio de cederle una parte de su país.



Simo se vio obligado a abandonar su granja debido a que se encontraba en el territorio cedido a la Unión Soviética. Se marchó a la granja de un familiar, donde se dedicó a la crianza de animales hasta el día de su muerte: 1 de abril de 2002.

Fuente: www.abc.com

Para saber más:




domingo, 27 de agosto de 2017

I GUERRA MUNDIAL: LOS ALEMANES INVADEN BÉLGICA



Las fuerzas alemanas invadieron Bélgica el 4 de agosto de 1914. Enseguida se toparon con la ciudad industrial de Lieja, rodeada de fortalezas. Esperando sólo una resistencia simbólica, los alemanes enviaron una fuerza de 39 mil hombres, bajo el mando del general Otto von Emmich, para tomar la ciudad en 48 horas. 


El rey Alberto I de Bélgica encomendó la defensa de Lieja al general Gérard Leman, con instrucción de plantar cara hasta el final. Los belgas volaron los puentes del río Mosa para frenar el avance alemán. Cuando la infantería y la caballería de Emmich llegaron a Lieja, sus ataques frontales a las posiciones defensivas belgas fueron repelidos por la artillería y el fuego de ametralladoras, causando graves pérdidas. 

La gran ofensiva alemana quedó inmovilizada hasta que, el 7 de agosto, el oficial del Estado Mayor Erich Ludendorff y sus fuerzas penetraron en la ciudad y consiguieron la rendición de su ciudadela. Casi todas las demás fuerzas siguieron resistiendo, pues su hormigón y su blindaje resultaban invulnerables para la artillería alemana. Pero, el 12 de agosto, los obuses Krupp 420 mm y Skoda 305 mm -terribles armas de asedio- alcanzaron Lieja. Al cabo de tres días, los alemanes habían conquistado las fortalezas a cañonazos y tenían el camino libre para cruzar Bélgica en masa. 

Las tropas alemanas tenían órdenes de responder a la muestra de resistencia civil con ejecuciones sumarias y represalias colectivas. Desde el primer día de la invasión, los soldados dispararon a civiles belgas e incendiaron casas como castigo por presuntos actos de rebeldía. 

Muchos oficiales alemanes parecían pensar que la resistencia belga era una traición y un ultraje. Los rumores de ataques a los soldados por civiles belgas y la mutilación de cadáveres eran abundantes entre las filas alemanas y la prensa germana los difundía. En la confusión de los combates que se luchaban en pueblos y ciudades, las tropas se convencían de que les habían disparado los civiles, cuando en realidad eran víctimas de su propio fuego o del de las tropas belgas que disparaban desde las casas. 

No hay prueba de que los civiles se resistiesen a los alemanes, pero la falta de esta no les hizo ningún bien. En muchos lugares se fusiló a personajes destacados: habitualmente al cura o al alcalde. A veces se producían matanzas. En la ciudad de Dinant, el 23 de agosto, 674 civiles, entre ellos mujeres y niños, fueron ejecutados por varios pelotones de fusilamiento. En Tamines, murieron 384. 

Los rumores exageraban las noticias de ataques alemanes a civiles y de incendios de poblaciones, como la falsa afirmación de que los soldados germanos cortaban la mano derecha de los niños varones. Un aluvión de refugiados belgas huyó enseguida del avance de las tropas alemanas. 

Decidido a continuar, pero incapaz de presentar batalla a los alemanes, el rey Alberto hizo retroceder al grueso de su ejército hasta Amberes, que contaba con un perímetro fortificado. Bruselas, abandonada, fue presa fácil para el 1º ejército alemán. Más al sur, el complejo fortificado de Namur, en el camino del 2º ejército alemán, resistió sólo tres días desde la llegada, el 21 de agosto, de los cañones germanos. 

En la tercera semana de agosto, las tropas francesas y británicas empezaron a combatir con los alemanes en suelo belga. A medida que comenzaba la siguiente fase de la guerra, se produjo un arrebato final de ensañamiento alemán con la nación belga. El 25 de agosto, las tropas tudescas que ocuparon Lovaina, a 30 km al este de Bruselas, se dispararon entre sí por un confuso incidente nocturno. Convencidos de que habían sido atacados por civiles y no por sus propios camaradas, los soldados alemanes saquearon y quemaron los edificios de la ciudad (incluida una famosa biblioteca medieval) ejecutando a más de 200 personas y deshabitando la villa. 

La destrucción de Lovaina resultó un desastre propagandístico para Alemania, confirmando la imagen de los brutales "hunos" que mantendrían a sus enemigos en armas, durante cuatro años.

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domingo, 20 de agosto de 2017

ZAMA: LA ÚLTIMA BATALLA DE ANIBAL BARCA



Lejano estaba aquel momento en el cual Aníbal Barca había atravesado los Alpes, para pisar así suelo itálico y enfrentar a las poderosas legiones romanas; les derrotó y por algún momento se creyó que tomaría Roma, sin embargo, no fue así. Los romanos se repusieron y lograron contener la ofensiva. Mientras Aníbal y sus hombres permanecían en el sur de Italia, Publio Cornelio Escipión comandaba la resistencia romana, y conseguía reconquistar toda Hispania. Escipión creyó que era el momento justo para asestar el último golpe, y convenció al Senado de invadir el norte de África, 

Al desembarcar en África, los romanos dieron cuenta de que su superioridad militar no era tan grande como lo habían pensado. Había que tener presente el papel de las tribus númidas, poblaciones bereberes que mantenían una relación ambivalente con el imperio cartaginés. Escipión logró el apoyo de un importante líder númida: Masinisa, pero el rival de éste, Sífax, tomó partido por Cartago. Por su parte, los cartagineses reaccionaron ante la invasión y forzaron a los romanos a levantar el cerco que habían puesto a Útica y a retirarse al campamento de invierno. Escipión y sus hombres no cesaron en su propósito y lanzaron una ofensiva en contra de los cartagineses y Sífax. Desde ese entonces Roma llevaría la iniciativa militar. 

Asdrúbal, hijo de Giscón, comandó a los cartagineses y reunió un nuevo ejército, que tenía como núcleo 4,000 mercenarios celtíberos y con contó con el auxilio de las fuerzas de su aliado Sífax. El encuentro se produjo a unos cien kilómetros al suroeste de Cartago, en un punto llamado "Grandes Llanuras". La infantería romana era inferior, pero gracias a los jinetes númidas que estaban de su lado, su caballería logró imponerse a la púnica. Acto seguido, Escipión tomó Túnez con el objetivo de aislar a Cartago e interceptar los suministros que llegaban a la ciudad por vía terrestre. 

Conmocionados por la derrota, los cartagineses deliberaron qué hacer ante la situación, pocos fueron los partidarios de negociar la paz con Roma, la mayoría de ellos estaba dispuesto a afrontar el inminente asedio que sufriría su ciudad. Sin embargo, la caída de su aliado Sífax menguó el ánimo de los cartagineses y enviaron una comitiva para negociar con los romanos. Roma planteó sus condiciones para llegar a una paz: 

  • Liberar a todos los prisioneros romanos 
  • Entregar toda su armada, excepto veinte naves
  • Renunciar a sus posesiones en Hispania y en las islas entre Italia y el norte de África 
  • Que Aníbal se retirase de Italia 
  • Hacerse cargo del avituallamiento del ejército romano y;
  • Pagar una indemnización de 5 mil talentos de plata. 
Mientras el tratado no era ratificado por el Senado, el ánimo de los cartagineses se iba caldeando, hasta llegar a su punto más álgido con la llegada de Aníbal y sus hombres. Un día mientras un convoy romano de abastecimiento sufrió por una avería, fue asaltado por los cartagineses. El armisticio se rompió. 




BATALLA 

Los dos ejércitos se encontraron en el valle del Bágrada, posiblemente no muy lejos de un lugar llamado Naraggara, aunque la batalla consiguiente pasaría a la historia bajo el nombre de Zama, una población que en realidad se encontraba alejada. En un postrer intento de evitar la contienda, los dos generales celebraron una entrevista. Aníbal procuro suavizar las condiciones del tratado de paz, apelando seguramente a su prestigio como comandante invicto hasta la fecha. Pero Escipión no se dejó encandilar y rechazó las proposiciones de Aníbal. El historiador Polibio presentó así la respuesta del romano: "Resulta claro y notorio que no fueron los romanos, sino los cartagineses los culpables de la guerra de Sicilia y de la Hispania. Y el que mejor lo sabe eres tú mismo, Aníbal [...] Poned vuestra patria y vuestras personas a nuestra disposición, o bien vencednos en batalla. 

Las fuerzas de ambos contrincantes estaban bastante niveladas, cada bando tenía aproximadamente 40 mil hombres, aunque los romanos superaban a los cartagineses en caballería. Aníbal, por su parte, contaba con una respetable cantidad de elefantes de guerra. Sin embargo, la entrada en acción de estos no surtió el efecto deseado, pues el ejército romano abrió sus filas, lo cual facilitó la dispersión de los animales. Los romanos lanzaron una tremenda embestida de su caballería, ante la cual los jinetes cartagineses emprendieron la huida. Al ver que los jinetes romanos se lanzaban en su persecución, Aníbal intentó aprovechar ese momento para ordenar un arrollador ataque de veteranos soldados. Sin embargo, todos los intentos de la infantería púnica de perforar las líneas romanas fracasaron. Nada pudo impedir que los jinetes romanos regresaran al campo de batalla, envolvieran a la infantería púnica y le dieran el golpe mortal. El último ejército del que disponía Cartago fue aniquilado. 

Después de la batalla, los romanos impusieron unas condiciones aun más dura para concretar la paz. Los cartagineses debían entregar la totalidad de su flota, excepto diez naves, y tendrían que integrarse en el seno de la confederación romana, esto quería decir que Cartago quedaría sometida a Roma en política exterior. La indemnización fue exhorbitante: diez mil talentos de plata. El espíritu de los cartagineses volvió a reavivarse, sin embargo, Aníbal convenció a su pueblo de aceptar la paz. Había nacido una nueva potencia: ROMA 

domingo, 6 de agosto de 2017

HISTORIA DE LA I GUERRA MUNDIAL: EL DESLIZAMIENTO HACIA LA GUERRA




El 23 de julio, a las 6:00 de la tarde, el embajador austro-húngaro envió un ultimátum al gobierno serbio, emprendiendo el camino de una guerra mundial. El ultimátum exigía que los serbios eliminasen las organizaciones terroristas anti-austriacas, que detuviesen la propaganda anti-austriaca y que permitiesen la participación de oficiales austro-húngaros en la investigación de los asesinatos de Sarajevo. Los serbios tenían 48 horas para aceptar las condiciones del ultimátum o hacer la guerra. Serbia aceptó la mayoría de las condiciones, pero -garantizando el apoyo de Rusia- se negó taxativamente a que oficiales austriacos interviniesen en su territorio.

Seguía siendo posible una solución diplomática. El 26 de julio, sir Edward Grey, ministro británico de Asuntos Exteriores, propuso una conferencia de las principales potencias. El káiser Wilhelm II, a su regreso de un crucero vacacional por el mar del Norte, se entusiasmó por la humillación de Serbia y sugirió que la guerra ya no era necesaria.

LA REACCIÓN RUSA

Los elementos dominantes de la élite política y militar austro-húngara no deseaban un triunfo diplomático. Lo que querían era desmembrar Serbia y apuntalar la autoridad de los Habsburgo. Así pues, el 28 de julio, Austria-Hungría declaró la guerra formalmente a Serbia. Quedarse quieta mientras Austria -Hungría derrotaba a Serbia habría supuesto una grave humillación para Rusia; había indicado el final de su anhelada pretensión de expandir su influencia por los Balcanes y en dirección a Constantinopla (la actual Estambul). De ese modo, el 28 de julio, Rusia decidió movilizar sus fuerzas armadas en aquellas regiones enfrentadas a Austria-Hungría, pero no a lo largo de su frontera con Alemania. De repente, las grandes potencias europeas vieron cómo la perspectiva de la guerra se extendía para absorberlas a todas.

La inseguridad y las crisis de la década anterior habían fortalecido las alianzas rivales y habían intensificado los recelos mutuos. Francia y Rusia percibieron que debían resistir o car juntas, pero ninguna de las dos tenía la capacidad industrial o militar para hacer frente a Alemania por su cuenta. Al no hacer ningún esfuerzo para contener a su aliado, los franceses abandonaron de hecho cualquier influencia en el desarrollo de la situación.

MOVILIZACIÓN ALEMANA

En aquel punto de la crisis, una guerra generalizada estaba aún muy lejos de ser inevitable. Pero las principales figuras de los círculos dirigentes alemanes, entre las que se encontraba el Jefe de Estado Mayor, Moltke, y el ministro de Defensa prusiano, Erich von Falkenhayn, decidieron que el momento de la presagiada guerra había llegado, Moltke había argumentado en ocasiones anteriores que, para Alemania sería mejor que la guerra estallase cuanto antes. El 29 de julio, instó la movilización para respaldar a Austria-Hungría. Los planes bélicos alemanes estipulaban que aquella debía dirigirse tanto contra Francia cuanto contra Rusia y que debía implicar la invasión de la neutral Bélgica.

Entre tanto, en San Petesburgo, el debate giraba en torno al sentido práctico de una movilización parcial. Serguéi Sazónov -ministro de Asuntos Exteriores ruso-, temeroso de las intenciones alemanes, forzó una movilización general la tarde del 30 de julio, lo que les hizo el juego a los halcones alemanes, quienes podían aducir entonces que estaban respondiendo a una agresión rusa.

El 31 de julio, el canciller alemán Bethmann-Hollweg le preguntó a Moltke: "¿Está en peligro la patria?. Moltke respondió afirmativamente. El I de agosto, Alemania declaró la guerra a Rusia. El káiser hizo una última apuesta desesperada a favor de la paz enviando un telegrama a su primo, el zar Nicolás II, pero ninguno de los dos jefes de Estado tenían el control de la situación. Cuando el káiser ordenó a Moltke que limitase la guerra a Rusia, le dijeron que la movilización para una guerra en dos frentes no podía cambiarse. El 3 de agosto, Alemania declaró la guerra a Francia.

LOS BRITÁNICOS ENTRAN AL JUEGO

Para los alemanes, un factor crucial aunque desconocido era la reacción de Gran Bretaña. El gobierno británico estaba horrorizado ante la idea de una guerra. Un círculo interno de ministros había ido más allá de lo que se sabía públicamente en cuanto a apoyar a Francia en caso de guerra. Al inicio de las hostilidades, el círculo no tuvo el beneplácito de los demás ministros. Menos ambiguo que las ententes británicas con Francia y Rusia, fue el compromiso con Bélgica. Gran Bretaña era garante de la neutralidad belga según el Tratado de Londres (1839). A fin de aplicar el Plan Schlieffen, el ejército alemán debía cruzar Bélgica. El 2 de agosto, Alemania solicitó servidumbre de paso para sus tropas.

Los belgas optaron por luchar. Cuando los alemanes entraron en Bélgica el 3 de agosto. Gran Bretaña respondió exigiendo su retirada. La declaración de guerra de Gran Bretaña a Alemania se dio el 4 de agosto. El canciller Bethmann-Hollweg le dijo al embajador británico saliente, Edward Goschen, que Gran Bretaña había entrado a la guerra "por un simple pedazo de papel".


HISTORIA DE LA I GUERRA MUNDIAL: ASESINATO EN SARAJEVO (28-06-1914)



La visita del archiduque Francisco Fernando a Sarajevo, capital de Bosnia-Herzegovina, fue una descortés reinvindicación de la autoridad imperial sobre una provincia recién anexionada. Incluso la fecha constituía una provocación: el 28 de junio  era un día sagrado para los nacionalistas serbios, pues era el aniversario de la batalla de Kosovo, en la que serbia fue derrotada por los turcos y perdió su independencia. 

Los separatistas serbios bosnios -armados, entrenados y organizados por oscuros grupos nacionalistas y por oficiales de la inteligencia militar en Serbia- habían emprendido ataques contra las autoridades austro-húngaras en Bosnia-Herzegovina. El gobierno austriaco había sido advertido de un plan para intentar asesinar al archiduque, pero la visita se llevó a cabo de todos modos. Cancelarla, o incluso montar una operación de seguridad, equivaldría admitir que los Habsburgo no controlaban plenamente una de las provincias de su imperio. El itinerario y el programa del archiduque se publicaron antes de la visita. 

VISITA IMPERIAL 

Francisco Fernando llegó a Sarajevo a las 9:50 a.m. Estaba encantado de que lo acompañase su mujer, casi siempre excluida de las ceremonias públicas según las cláusulas de su matrimonio. Primero, pasó revista a las tropas en la plaza Filipovic y luego se dirigió al Ayuntamiento en una caravana de coches. Esperando a la multitud a lo largo del recorrido había 7 conspiradores preparados para el asesinato. Seis eran serbios-bosnios y uno musulmán bosnio, elegido para dar a la operación carácter multicultural. Entre todos tenías seis bombas y 4 pistolas militares serbias. 

EL ASESINATO 

Mientras la caravana de automóviles recorría el paseo del río Miljacka, uno de los conspiradores, Nedjelko Cabrinovic, lanzó una bomba que rebotó en la parte trasera del coche del archiduque y explotó, hiriendo a varios espectadores y a un policía. Cabrinovic se tragó una pastilla de cianuro y saltó a las aguas poco profundas del río, donde fue arrestado, pues la dosis de cianuro no fue letal. Enojado y horrorizado por el incidente, Francisco Fernando continuó la marcha hacia el Ayuntamiento. Los conspiradores se dispersaron entre la multitud tras el aparente fracaso de su intento de magnicidio. 

Gavrilo Princip, de 19 años, entró en una tienda para comprar un bocadillo. Al salir, se topó con el automóvil del archiduque parado. Francisco Fernando había decido acudir al hospital a visitar al policçia herido, pero su chófer había tomado una calle equivocada y estaba intentando dar marcha atrás. Provechando la oportunidad, Princip sacó una pistola y disparó dos veces, alcanzando al archiduque en el cuello y a su mujer en el abdomen. La pareja murió en cuestión de minutos, aún dentro del coche. Princip intentó suicidarse, pero fue reducido por los testidos presentes y posteriormente arrestado. 

El asesinato se llevó a cabo con una pistola semiautomática FN Modelo 1910, belga, suministrada por el ejército serbio. 



REACCIÓN AUSTRO-HÚNGARA 

La noticia de la muerte de la pareja fue un duro golpe para los Habsburgo. No hubo funeral de Estado. Francisco Fernando y Sofía fueron enterrados lado a lado en una cripta privada en el castillo de Artstetten, situado en el Valle del Danubio. Al emperador Francisco José se le prometió en privado que nunca lo sucedería un sobrino en el que no confiaba y por el que no sentía simpatía alguna. "Un poder superior", dijo el emperador, "ha restaurado el orden que por desgracia no pude mantener". Pero la afrenta hecha al Estado austro-húngaro había sido muy grave. 

Aunque faltaban pruebas evidentes de que el gobierno serbio hubiera estado implicado directamente, todo apuntaba a que la operación habías sido planeada y organizada en Serbia. Con aquello bastaba. Una banda de asesinos, apoyados por Serbia, había matado al heredero del trono. El honor, el prestigoo y la credibilidad de Austria-Hungría exigían que Serbia pagase por ello. 

EL CAMINO HACIA LA GUERRA 

Los círculos dirigentes austro-húngaros estaban dirigidos entre gavilanes y palomas. El conde Franz Conrad von Hötzendorf, jefe del Estado Mayor, llevaba muchos años deseando entablar una guerra con Serbia. Von Hötzendorf consideraba los asesinatos un pretexto ideal para la intervención militar. Otras figuras importantes como el conde Tisza, primer ministro de Hungría, eran más prudentes y preferían una solución diplomática. Durante la primera semana de julio, Austria-Hungría pidió la opinión de los alemanes, Wilhelm II estaba escandalizado por los asesinatos. Sus consejeros, entre los que se encontraba Hollweg, coincidían en animar a Austria-Hungría a tomar decisiones contra Serbia. El gonierno austro-húngaro contaba con el apoyo alemán. 

Aquella vaga garantía de respaldo germano - con frecuencia denominada "el cheque en blanco"- dejó el control de Viena en las firmes garras de los gavilanes. A continuación, Austria-Hungría presentó una serie de exigencias deliberadamente inaceptables. la negativa de Serbia a cumplirlas sería un pretexto para la intervención militar austro-húngara. Nadie planeaba una guerra a gran escala. Lo que se pretendía era una rápida invasión punitiva, seguida de un severo tratado de paz para humillar y debilitar a Serbia. Aún así, las cosas no podían ir muy deprisa. Gran parte del ejército estaba de permiso, ayudando con la cocecha. Tras algunas vacilaciones, la comunicación de un ultimátum se fijó para el 23 d julio. 

domingo, 18 de junio de 2017

ANTECEDENTES DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL



En los años previos a la I Guerra Mundial, las potencias europeas adoptaron una política temeraria e iniciaron una carrera armamentista. Una serie de conflictos y crisis diplomáticas en los Balcanes acostumbraron a los europeos a la posibilidad de una guerra a gran escala. 


Alemania era indiscutiblemente una gran potencia económica y militar a finales del siglo XIX. Sin embargo, carecía de dos de los atributos entonces representativos del estatus de gran potencia: un gran imperio de ultramar y una armada oceánica. Bajo el gobierno del inestable káiser Guillermo II, Alemania se dispuso a mostrar sus músculos en el escenario internacional. El plan para construir una gran flota, propuesto por el almirante Alfred von Tirpitz, se adoptó en 1897. Para Gran Bretaña, aquello significó un acto de hostilidad. El programa naval germano constituía una amenaza directa al dominio de las aguas territoriales de la Real Marina, la piedra angular de la seguridad británica. Los británicos respondieron con su propio programa de construcción de barcos a gran escala, estableciendo un nuevo arquetipo para los acorazados el Dreadnought en 1906. A medida que la gran carrera naval cobraba velocidad, los británicos enterraron viejas rivalidades y tomaron una entente con Francia en 1904, y con la aliada de esta, Rusia, en 1907. 

Las crisis marroquíes 

Haciéndose enemiga de Gran Bretaña, Alemania también creó una confrontación con Francia. En 1905, el káiser Guillermo II realizó una provocadora visita a Marruecos, país nominalmente independiente que Francia estaba absorbiendo en su esfera de influencia. El káiser pidió a todas las potencias el acceso igualitario a Marruecos, petición rechazada por una subsiguiente conferencia internacional. Los alemanes insistieron nuevamente en 1911, enviando la cañonera SMS Panther al puerto marroquí de Agadir. Este movimiento provocó una crisis diplomática, creando el temor a una guerra europea generalizada. A finales de 1911, se negoció un acuerdo que implicaba una pequeña cesión a Alemania en el África Ecuatorial Francesa. Este rechinar de espadas, además de algunas afirmaciones antibritánicas pronunciadas por el káiser, llevó a Gran Bretaña a reforzar sus vínculos con Francia. Cuando la crisis de 1911 amainó, la perspectiva de una guerra generalizada, pareció desvanecerse. Sin embargo, en una reunión privada, celebrada en diciembre de 1912, el káiser y sus altos mandos militares abordaron la posibilidad de iniciar una guerra preventiva contra Francia y Rusia, argumentando que, con el incremento de las fuerzas rusas, era mejor para Alemania romper con el fuego lo antes posible. 

Nacionalismo eslavo

En el sudeste de Europa, la tensión iba en aumento. Los Balcanes eran una zona de rivalidad tradicional entre Austria-Hungría y Rusia. Los rusos habían adoptado el papel de protectores y líderes de los estados eslavos, incluidos Serbia y Bulgaria. Rusia también tenía la ambición a largo plazo a costa del decadente Imperio turco. Para Austria-Hugría los eslavos constituían un problema nacional, una parte recalcitrante de la mezcla étnica del imperio. Al imponerse a los esclavos balcánicos, especialmente a Serbia, que no pertenecía al Imperio de los Habsburgo. Austria-Hungría tenía la esperanza de reforzar sus autoridad sobre sus propias minorías eslavas. En 1908, la anexión austro-húngara de Bosnia-Herzegovina, región que todavía administraba, provocó una respuesta hostil por parte de Rusia, pero los aliados de esta, Francia y Gran Bretaña, se negaron a respaldar la intervención militar. La anexión humilló a los rusos e irritó a Serbia, que apoyó encubiertamente una campaña de ataques contra oficiales austro-húngaros por parte de los serbios bosnios. 

El Imperio Otomano

La debilidad de Turquía constituía otra fuente de inestabilidad, en 1908 los nacionalistas otomanos, conocidos como los "jóvenes turcos" se rebelaron contra el sultán, Abdul Hamid II, dando lugar a un periodo de agitación política. En 1912, la liga balcánica - una alianza formada por Serbia, Bulgaria, Grecia y Montenegro- atacó y derrotó a Turquía en la Primera Guerra Balcánica. Los vencedores se disputaron entonces los despojos. Bulgaria atacó a Serbia y a Grecia, iniciando así la Segunda Guerra Balcánica. Cuando Rumania se sumó también a las hostilidades, Bulgaria fue derrotada estrepitosamente. El principal vencedor de ambas guerras fue Serbia que casi doblo su territorio. Después de la guerra, Bulgaria se convirtió en un Estado insatisfecho, deseoso de vengarse de los serbios, en tanto que el fortalecimiento de una Serbia hostil suponía un desastre para los astro-húngaros, la ruptura entre Serbia y Bulgaria supuso un contratiempo para Rusia en los Balcanes. Alemania anhelaba extender su influencia al sur, y planeo construir un ferrocarril Berlín-Bagdad, lo que Gran Bretaña interpretó como una amenaza para sus intereses en Oriente Medio. Enver Pasha, un oficial del ejército que fue lider turco en 1913, era pro alemán, invitó a una comitiva militar germana, encabezada por Otto Liman von Sanders, a modernizar el ejercito turco. 

Ninguna de esta crisis, miedos y ambiciones hacían inevitable una guerra europea generalizada, pero este hecho era claramente imaginable e incluso tentador para algunas potencias, como una solución posible para ciertos problemas demasiados complejos. 

ATENEA


Cuando Metis estaba encinta, Zeus, su esposo, la devoró; esta acción fue motivada por consejo de Gea y Urano quienes le advirtieron que si tenía una hija, esta a su vez tendría un hijo que le derrocaría. Sin embargo, Zeus comenzó a padecer de fuertes dolores de cabeza, a tal punto que le pidió de favor a Hefesto, el dios de la fragua, que le abriera la cabeza de un hachazo, y así lo hizo. En ese momento nació Atenea, ya enfundada con su yelmo y su armadura. Se cree que el lugar donde sucedieron estos hechos fue el lago Tritonis en Libia. 

Cuando sucedió la Gigantomaquia, Atenea fue de vital importancia, dando muerte a Palante y a Encélado, al primero le desolló y con su piel se fabricó una coraza, al segundo le persiguió hasta darle alcance, acto seguido le lanzó una isla entera, terminando de esta forma con su vida. También Homero le da un papel fundamental en sus poemas; durante la Guerra de Troya, Atenea estuvo de lado de los aqueos. 

A Atenea se le considera diosa de la razón y la inteligencia, preside las artes, y tiene un estrecho vínculo con la Filosofía, también es la protectora de las hilanderas, tejedoras y bordadoras. Representa el lado inteligente de la guerra, es decir la táctica, y cuando se enfrentó a Ares, le derrotó. 

También dedicó su talento a las artes de la paz, y en África se le reconocía como la inventora del aceite de oliva, e incluso como la introductora de este producto a aquella región. 

Los atributos de Atenea eran la lanza, el casco y la égida. En su escudo fijó la cabeza de la gorgona Medusa. Su animal preferido era la lechuza; su planta, el olivo.

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martes, 13 de junio de 2017

GRANDES BATALLAS DE LA HISTORIA: SALAMINA 480 a.d.c


Después de la batalla de las Termópilas, los persas se dirigieron con su gran ejército hacia Atenas, mientras que los griegos, muy superados en número por su enemigo, cruzaron el istmo de Corinto y entraron en el Peloponeso, donde prepararon la defensa. La mayoría de los atenienses había abandonado la ciudad, que fue tomada e incendiada por los persas, y se trasladaron a la isla de Salamina, en la cercana bahía de Eleusis. 

Bajo el mando de Temístocles, Atenas había desarrollado una poderosa flota y, apoyada por unas veinte polis más, había librado la batalla de Artemisio contra la armada persa, mientras otro ejército griego luchaba en las Termópilas. La alianza de flotas griegas se reunió entonces en la bahía de Salamina, y Temístocles convenció a los jefes navales de las distintas polis para que se quedaran y presentaran batalla. Según fuentes antiguas, las fuerzas persas que incluían contingentes de Fenicia, Egipto (y también de los aliados griegos del rey Jerjes) contaban con 1200 naves, mientras que la alianza de polis griegas solo contaba con unas 370, la mitad de las cuales procedían de Atenas. Fuentes actuales, sin embargo, sugieren que eran 600 y 200 barcos, respectivamente. 

Jerjes ordenó un ataque naval e hizo situar su trono en lo alto de una colina que daba a la bahía, desde donde podía contemplar cómo se desarrollaba la acción. Las naves de ambos bandos dependían principalmente de los remeros, pero en cada barco viajaban también unos cuentos soldados, por si había que emprender el abordaje. La mayoría eran trirremes, estrechos y maniobrables, e impulsados por tres hileras de remos. Disponían de un espolón en la proa que podía servir tanto para hundir una navez enemiga como para segar sus remos, y, en consecuencia, inutilizarlas.

Mientras la inmensa flota persa entraba en el pequeño espacio delimitado por la bahía, sus líneas empezaron a desorganizarse. Es posible que Temístocles engañara a los persas para que atacaran en un momento en que el mar estaba picado, lo cual habría afectado a su avance. La flota griega, más reducida, tenía espacio suficiente para maniobrar y pudo abordar las naves persas y atacarlas con los espolones, de modo que la formación enemiga fue perdiendo embarcaciones y quedó sumida en el caos. La lucha encarnizada duró todo el día, pero al final, lo que le quedaba de la flota persa se retiró en desbandada. 

Como se acercaba el invierno y las líneas de abastecimiento eran vulnerables a un ataque por parte de los griegos, Jerjes decidió regresar a casa. No obstante, dejó una parte de su ejército en el norte de Grecia para proseguir la guerra al año siguiente.

La batalla de Salamina fue decisiva para frenar los intentos persas de expandirse hacia el oeste, y la derrota que sufrieron en Platea, en 479 a.n.e, así lo confirmó. Durante los siglos siguientes sería Grecia quien dominaría las tierras del Mediterráneo oriental, y su poderío supuso el florecimiento de la civilización helénica, de la cual deriva la mayor parte de la moderna cultura occidental.