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martes, 24 de octubre de 2017

LOS MÉDICOS FRENTE A LA PESTE



Durante muchísimo tiempo se creyó que la peste provenía de la ira divina; Dios era el causante de las desgracias y de estos momentos de extremo dolor. Guillaume de Machaut atestigua esta visión de la siguiente manera:

Cuando Dios en su morada vio la corrupción del mundo, hizo salir a la Muerte de su jaula, llena de locura y de rabia, sin freno, sin bridas, sin discernimiento, sin fe, sin amor, sin medida, tan altiva y orgullosa, tan ávida y hambrienta que nada de lo que engullía conseguía hacerla saciarse. Recorrió todo el mundo matando y destrozando los corazones de todos los que encontraba.

Para la sociedad de la época no quedaba otro remedio que implorar piedad a la Divinidad, para que así en un acto de piedad, cesara los sufrimientos. Pero, hacia el siglo XIV de nuestra era, médicos de París intentaron ir más allá de los rezos y basándose en un pasaje de la Biblia intentaron contrarrestar la epidemia. 

Desde luego existían serias limitantes en aquella época (fue hasta el siglo XIX cuando se tuvo el conocimiento de que las pulgas de las ratas transmitían la enfermedad), sin embargo, a pesar de la insuficiencia de conocimientos acerca de la peste, sí se tenía la intuición que la enfermedad era producto de contagio. Se suponía que la peste era una materia venenosa, originada por las exhalaciones de materias orgánicas en descomposición, que flotaba en el aire y entraba en el cuerpo de las personas al respirar o por los poros de la piel. El autor de un Tratado de epidemia, suponía que incluso la peste se podía contagiar mediante la mirada. 

Frente a la amenaza de contagio la recomendación más practicada era la de alejarse lo más posible del foco de infección o por lo menos tener bien ventilado el hogar abriendo las ventanas a los vientos del norte (los del sur se creía que portaban la enfermedad); el médico catalán Jacme d´Agramont aconsejó que de ser necesario, la gente se refugiara bajo la tierra o en su defecto buscar zonas altas para escapar a la enfermedad. Como se creía que el aire corrupto generaba mal olor, solía perfumarse el aire con esencias. 



En aquel entonces cuando se ignoraba el origen de la enfermedad, lo más recomendable entonces era la prevención. Cuando se tenía noticia de un brote cercano a una población se tenía la obligación de endurecer las medidas de higiene y limpieza. Se prohibía la entrada a los infectados y se realizaban visitas a las casas del poblado para verificar que no existieran infectados. La desobediencia de estas medidas estaban penadas con la muerte. 

Si la enfermedad lograba penetrar en una población, los médicos entraban en acción y hacían uso de procedimientos de efectividad incierta o contraproducente. Desde la ingesta de medicamentos simples y compuestos hasta la solución propuesta por George Thompson, que aconsejaba matar un sapo, colgarlo de una pierna para secarlo y después molerlo, ya que "la presencia de este animal odioso y terrorífico aniquila completamente la imagen del veneno pestilente". 

Uno de los tratamientos en los que más se confiaba eran las sudoraciones prolongadas. Sin embargo, hoy se sabe que este tipo de sudoraciones tan prolongadas (24 horas) no propiciaban ningún beneficio, y lo que sí hacía era una deshidratación general, alteración de la concentración de electrolitos en la sangre y en casos extremos, alteraciones del ritmo cardíaco.

Otro de los tratamientos más practicados eran las sangrías como medida preventiva de refuerzo, absolutamente imprescindible si aparecía un bubón, pues se consideraba a la sangre como portadora de la vida, y cualquier alteración de ésta tenía afectos funestos, esta práctica era común en los siglos XV-XVII. 

También se consideraba imprescindible la extirpación del bubón para salvar la vida del infectado; pero al ser increíblemente doloroso al tacto, la simple idea de la extirpación causaba pánico en el paciente. El escritor inglés, Daniel Defoe retrató esta situación de la manera siguiente:

Cuando los bubones endurecían y no reventaban, se hacían tan dolorosos que eran como el más refinado de los tormentos; y algunos, no pudiendo soportar estos, se arrojaban por la ventana, o se pegaban un tiro o se daban muerte a sí mismo de algún otro modo. Otros, incapaces de contenerse, desahogaban su dolor lanzando incesantes lamentos y se oían gemidos sonoros y lastimeros mientras se andaba por las calles. Cuando estos bubones se endurecían se aplicaban fortísimos emplastos o cataplasmas para hacerlos reventar, y en caso de no conseguirlo, lo abrían o sajaban de una manera terrible y los cirujanos los quemaban con ayuda de cáusticos, de modo que muchos murieron rabiando como locos por el dolor, y otros, durante la misma operación. 

Hacia el año 1720, cincuenta años después de la peste que asoló Londres, la enfermedad llegó a Marsella y causó aproximadamente 100 mil muertes; se volvió a evitar el aliento del semejante, a comer bien, a tomar tazas con té en ayunas, y a rezarle a Dios. Por fortuna esta fue la última gran epidemia que azotó a Europa. 
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Anexo: Cronología de la Peste:

  • 542- El Imperio Bizantino es asolado por la llamada plaga de Justiniano, una epidemia de peste bubónica de gran virulencia 
  • 1348- Se desata la epidemia de peste negra más devastadora de la historia. Se ceba en la población europea, que es reducida casi a la mitad. 
  • 1629-Se desata la gran plaga de Milán, una epidemia de peste que afecta el centro y norte de Italia. Mueren unas 280 mil personas. 
  • 1665-En Londres brota una epidemia de peste que mata a la quinta parte de la población, más de cien mil personas. 
  • 1720- En Marsella se produce el último gran brote de peste en Europa. La epidemia la trae un barco procedente del Mediterráneo Oriental. 


FUENTE: REVISTA HISTORIA. NATIONAL GEOGRAPHIC #149







jueves, 24 de agosto de 2017

LOS VIKINGOS LLEGAN A AMÉRICA


Durante siglos los historiadores europeos y americanos han sostenido una viva polémica acerca de la llegada de los vikingos a América: ¿Se trata de un hecho histórico o de pura leyenda? La historia de los viajes de Leif Ericson y sus vikingos al Nuevo Mundo se refiere con todo detalle en dos sagas, ¿pero eran estas de carácter histórico o novelesco? Los defensores de la teoría de la prioridad vikinga en la llegada a América, efectuado, según ellos, mucho antes que la de Colón, se desesperaban al ver que, pese a todos sus esfuerzos, no podían hallar pruebas irrefutables que confirmasen las sagas. 

Hasta que en el otoño de 1963 se produjo un hecho sensacional. Bajo grandes titulares, algunos periódicos publicaron que un explorador había descubierto la casa de Leif Ericson en Terranova. Hace unos años, los arqueólogos más prudentes no quieren pronunciarse abiertamente sobre el caso, pero no hay duda de que el doctor Helge Ingstad descubrió unas ruinas de inequívoco carácter vikingo y que anteceden al viaje de Colón en casi quinientos años. 


Después de efectuar tres expediciones durante las cuales reconoció la costa atlántica de Norteamérica desde el mar y desde el aire, y con ayuda de un antiguo mapa, el doctor Ingstad eligió el extremo septentrional de la isla de Terranova como el lugar más indicado para buscar la colonia descrita en las sagas. Y fue allí, en su cuarta expedición, donde descubrió los restos de nueve construcciones y una forja primitiva cerca del pueblecito de L´Anse aux Meadows. Sólo subsistían los pisos de tierra, muy deteriorados, la base de las paredes de turba y unos hogares con madera carbonizada, junto con algunos fragmentos de hierro y un yunque de piedra. Pero una de las antiguas construcciones presentaba un gran vestíbulo al estilo vikingo y los hogares eran típicamente nórdicos. Aquellas edificaciones no se parecían por su estructura y su estilo a las que se construyen los esquimales o los indios; además, los aborígenes americanos desconocían la fundición del hierro. 

                               

 LOS NÓRDICOS EN AMÉRICA SEGÚN LAS SAGAS 

Las dos colecciones de sagas que refieren la historia de los primeros viajes vikingos a América son el "Libro de Flatey" escrito a finales del siglo XIV y el "Libro de Hauk" escrito a principios del mismo siglo; la gran diferencia entre estos libros es que en el "Libro de Flatey" fue Bjarni Herjulfon el primero en avistar tierras americanas pero no desembarcó en ellas, en cambio Leif Ericson sí lo hizo. Antes de llegar a lo que hoy es América, los nórdicos realizaron dos recaladas, a la tercera llegaron a una tierra abundante en salmón, la caza y la hierba. También encontraron gran cantidad de uvas y la comarca fue llamada Vinland, "tierra de la vid..."

Uno de los episodios más interesantes de este viaje es el encuentro de los nórdicos con los nativos, que fueron llamados por los primeros con el nombre de skraellings. Después de regresar de explorar las tierras cercanas notaron que habían en su campamento tres canoas con tres nativos cada una. El grupo entonces se dividió y se apoderó de todos ellos, a excepción de uno que escapó en una canoa. Realmente este suceso fue muy desafortunado para los nórdicos porque al otro día el campamento estaba rodeado de un gran número de canoas con nativos dispuestos a atacar; pocos después lanzaron una lluvia de flechas e hirieron a Thorvald, el hermano de Leif, quien, según lo escrito en las sagas, ordenó a sus compañeros que partiesen y pronunció las siguientes palabras: pero antes me dejareis en ese promontorio, en el que me hubiera agradado tanto vivir. Y así Thorvald recibió sepultura en la primer tumba nórdica en territorio americano. 

Después de diversos acontecimientos, volvieron a aparecer una gran cantidad de canoas frente al campamento vikingo, sin embargo, ahora iban en son de paz y dieron a entender que lo que intentaban hacer era comerciar con ellos, pero un toro que salió mugiendo del bosque embistió a los indios, y se desató el caos, los nativos lograron escapar. Orillados por el hostigamiento de los nativos y también por las inclemencias del clima, los nórdicos decidieron regresar a sus tierras, no sin antes, según lo relatado en las sagas, raptar dos muchachos indígenas a las cuales les enseñaron a hablar nórdico. La aventura había llegado a su fin, los viajes que se realizaron a esas tierras fueron esporádicos y no tenían el fin de colonizar la tierra, eran viajes en busca de materia prima. 



domingo, 20 de agosto de 2017

CODEX GIGAS: LA BIBLIA DEL DIABLO




Hacia el siglo XII de nuestra era, en un monasterio ubicado en la actual República Checa, un monje escribe con desesperación apoyado en una vieja mesa. Ha cometido un pecado que le ha valido ser condenado a muerte. Al borde de la desesperación pide clemencia y promete realizar la obra más impresionante de su época: un libro que contenga todos los conocimientos del mundo, desde las Sagradas Escrituras hasta los conocimientos ocultos. Afirma que lo realizará él solo y en una sola noche. 

Es de madrugada y está lejos aún de completar su empresa. Ruega a su Dios, pero éste parece que no le escucha, su desesperación le impulsa a pedir auxilio a Satanás quien se digna a contestarle y a prestar su ayuda, como pago le pide al monje que incluya su imagen en el manuscrito. 

A grandes rasgos este es el origen del Codex Gigas (libro grande en latín), un peculiar manuscrito que durante el medioevo fue considerado como la octava maravilla del mundo. Aún hoy resulta sorprendente, no sólo porque se trata de uno de los pocos ejemplares que todavía se conservan de aquel periodo, sino también porque es uno de los de mayor tamaño: mide casi un metro de largo (92 cm) por 50,5 cm de ancho y 22 cm de grosor. Sus 624 páginas pesar alrededor de 75 kg. De acuerdo con la leyenda el Codex fue un esfuerzo por incluir todo el conocimiento del mundo. En sus páginas contiene una Biblia completa junto con otros extensos pasajes: dos obras del historiador judío Flavio Josefo. Las antigüedades y La guerra de los judíos, las Etimologías de Isidoro de Sevilla, una compilación enciclopédica en la que se recogen conocimientos de Ciencias, Teología, Historia, Literatura, Arte, etc; la Chronica Boemorum (Crónica de la Bohemia) del religioso e historiador checo Cosmas de Praga y una amplia colección de textos médicos de origen bizantino, todo escrito en latín y con una letra de entre 3 y 2.5 milímetros de altura, demasiado pequeña para el tamaño del libro. También hay otras obras de menor extensión, como un calendario de santos y personas importantes de Bohemia; dos alfabetos, el cirílico y el glaolítico, el más antiguo de los alfabetos eslavos; un trabajo sobre la penitencia o confesión de los pecados. 

Muchas interrogantes existen sobre este manuscrito, como quien fue el autor del mismo y que significado o razón tiene la imagen del diablo que se representa ahí, la cual es la razón de su apodo y leyenda. El Codex exhibe una imagen de este ser en página completa. Aparece solo, en medio de dos torres y ataviado con piel de armiño, tela que era asociada a la realeza. No existe otro texto medieval en donde se le de una importancia similar, sí, se le representaba, pero en imágenes pequeñas porque en una época llena de prejuicios y liderada por la Iglesia era peligroso incluir una imagen del mal de esa envergadura. 

Sobre su procedencia se sabe poco, su creación ha tenido que fecharse en la primera parte del siglo XIII. En contraste, una de las primeras páginas del libro señala que se escribió dentro del monasterio benedictino de Podlazice -destruido en el siglo XV- a los expertos les resulta extraño esto, ya que el monasterio era muy modesto para realizar una empresa de ese tamaño. Quizá por eso fue vendido en 1295 al monasterio de Sedlec, cerca de Praga, lugar que fue azotado por la peste, esto daría fuerza a la leyenda sobre la maldición que caía sobre quien poseía el Codex. 

Uno de sus poseedores más famosos fue el emperador del Sacro Imperio Germánico y rey de Bohemia, Rodolfo II, amante de los libros y de lo oculto. Años más tarde, a finales de la Guerra de los Treinta Años, el Codex fue robado de Praga y trasladado a Suecia donde ha salido en contadas ocasiones. 

A pesar de la nuevas tecnologías, la grafía del texto apunta sorprendentemente a que fue escrito por una sola persona, aunque se calcula que dicha labor tomaría 30 años en terminarse por un solo autor. Actualmente el Codex es resguardado en la Biblioteca Nacional de Estocolmo. 

Quieres darle un vistazo a la versión digital del texto, pincha aquí: VERSIÓN DIGITAL