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sábado, 8 de julio de 2017

Castillo de Fenis (Italia)

Bajando desde Aosta hasta el Piamonte a lo largo del valle de Dora se descubre un conjunto oscuro y complejo que al aproximarnos se convierte en un pintoresco y laberíntico enredo de muros, torres, barbacanas, caminos de ronda almenados y pequeñas torres angulares, sobre un pequeño altiplano que domina el fondo del valle. En el castillo de Fenis, uno de tantos que poseía la familia Challant, muy poderosa en el condado de Aosta. Fue Aimone de Challant, personaje destacado de la corte de los Saboya, quién comenzo la construcción hacia 1340, y su hijo Bonifacio quien la terminó al acabar el siglo.

Desde entonces fue la residencia habitual de la familia que lo habitó hasta las primeras décadas del siglo XVIII. En 1895, fue comprado por el arquitecto medievalista Alfredo D'Andrade, que realizó una completa restauración y lo donó al Estado. Nuevas obras de restauración, en este caso con un carácter más científico fueron realizadas  en los años 1935-1936. Si por su aspecto exterior tiene unas características propias del medievo feudal de caballeros y damas, de juglares y trovadores, el interior, con sus sugestivos espacios dedicados a estancias y habitaciones, es un ejemplo de la transición propia del siglo XV de este tipo de edificios que pasaron a fortalezas a residencias nobiliarias. Ésta pátina de civilización cortesana sobrepuesta a la áspera arquitectura militar queda más de manifiesto en los frescos de la capilla y del patio, obra de Jaquerio y de su taller realizadas según el gusto del elegante gótico internacional.

Había primero una torre antiquísima que quizá vigilaba una mina de pirita del tiempo de los romanos. Sobre esta base fue construido el castillo que forma parte de la estrategia defensiva de los Saboya. Del edificio primitivo queda hoy día la torre cuadrada que constituía su núcleo.

El castillo se eleva sobre un montículo cubierto de vegetación que domina el poblado que se encuentra a sus pies, y presenta una triple muralla fortificada y numerosas torres dispuestas a lo largo de su planimetría pentagonal. Al fondo del patio interior, cuadrado, se encuentra una sólida pero elegante escala semicircular, embellecida con un fresco de San Jorge, que lleva hasta una doble galería cubierta decorada con frescos de la primera mitad del siglo XV y atribuidos a Giacomo Jaquerio.

En el interior destaca la magnifica capilla pintada con frescos de Jaquerio (1425-1430) como la Crucifixión, la Virgen de la Misericordia, San Juan Bautista y el Arcángel Miguel. Después de la restaauración de 1936, el conjunto fue incorporado al Museo del Arrendamento Valdosano, con muebles y objetos de los siglos XV-XVII.


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Castillo d'Issogne (Italia)

En el Valle del Dora, cerca de Verres, se encuentra una pequeña comarca que conserva una impronta claramente medieval, dominada por la mole compacta y maciza de un castillo que es considerado el ejemplo más  típico de arquitectura militar de Aosta. En efecto, allí se recorta el castillo de Issogne, considerado como el edificio señorial modelo situado entre el gótico y el renacimiento. Ambos, Verres e Issogne pertenecen a los Challant.

El primero fue levantado entre 1360 y 1390, y después rodeado por una gran muralla en el siglo XVI, el segundo se debe a Giorgio Challant, eclesiástico y humanista, espíritu inquieto que había viajado por toda Europa y comenzó la construcción en 1480, descorándolo después con tal suntuosidad que fue valorado como "el palacio más noble del Estado de Saboya".

Issogne fue adquirido a finales del siglo XIX por Vittorio Avondo, que lo restauró, lo engalanó con muebles y objetos artísticos que recreaban la atmósfera propia del siglo XV y en 1907 lo donó al Estado, que completó la restauración en los años 1935-1936.

Si por su planta y por las articulaciones de las murallas aparece claramente como edificio del Renacimiento, la decoración es de finales del gótico, especialmente el bello patio decorado con abundantes frescos que muestran los escudos y los rasgos de los miembros de la familia Challant más ilustres, para recuerdo de sus descendientes: miroir pour les efants de Challant ("espejo de los niños de Challant"), es decir, imágenes de las que deben aprender los niños, como dice la deteriorada inscripción.

En cuanto a su decoración, muy conocidos son los frescos pintados en los medallones del pórtico, en los que un anónimo pintor representó con gran maestría escenas de la vida cotidiana, además del horno, la sastrería, la carnicería, el mercado y el cuerpo de guardia.

Exteriormente aparece como un gran edificio carente de características especiales, a excepción de las chimeneas que tienen forma de torre. El interior se levanta en torno a un pequeño patio que es tenido por el único ejemplo de un castillo valdostano que dispone de jardín. La torre más cercana era utilizada como halconera. Dos estilos son los que aparecen perfectamente armonizados, el renacentista italiano y el nórdico (arcos rebajados, galerías, ventanas de derivación borgoñona). En el centro del patio luce permanentemente la esplendida fuente-granado realizado con hierro batido. Pantaleone de Lalaz y Nicolás Longbvet. Insospechados tesoros de arte medieval fueron colocadas en las espectaculares salas del mejor conservado castillo valdostano: frescos, paneles de madera, muebles, curiosas inscripciones realizadas en las paredes de los castillos, una capilla con altar de madera que es una obra maestra del arte de Borgoña, y la célebre Cámara del rey de Francia, en cuyo techo hay un excelente artesonado pintado con lirios dorados sobre azul.

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sábado, 1 de julio de 2017

Castillo de Buon Consiglio (Italia)

Situada estratégicamente en el valle del Adgie, la ciudad de Trento controlaba en la Edad Media la vía más importante que unía dos partes del Sacro Imperio Romano, Italia y Alemania. En 1207, el emperador Corredo II creó, para mantener aquella puerta en manos amigas, el principado eclesiástico de Trento , poniendo al frente a un obispo. Aquellos prelados investidos de poder temporal residían en un edificio porticado, el Castelleto, situado cerca de Suomo. Pero a mitad del siglo XIII sintieron la necesidad de disponer de una residencia más espaciosa y m,ás fácil de defender; fue entonces cuando construyeron la parte más antigua del Castillo de Buon Consiglio, el Castel vecchio, en el que poder enfrentarse tanto a las revueltas populares contra su autoridad, amenudo excesivamente inclemente, como a la prepotencia y a las usurpaciones de los condes del Tirol. En 1407 la fortaleza no pudo resistir la furia popular y fue ocupada por la fuerza, de manera que el tirano obispo Giorgio de Liechtenstein fue a parar a la prisión de la torre Vanga en el Adige. Los sucesores, quizá aleccionados por aquel ejemplo, se mostraron más condescendientes en su política respecto a los súbditos.

Después de 1475, Giovanni IV Hinderbach hizo modificar y sobreelevar Castelvecchio según el estilo gótico veneciano, pero fue el gran príncipe-obispo Bernardo Clesio quién transformó el castillo en una suntuosa morada renacentista haciendo construir el Magno Palazzo entre 1528 y 1536, para lo que llamó a renombrados artistas italianos que decoraron el palacio con un excelente gusto y una extraordinaria pericia.

Con su sucesor, Cristoforo Madruzo la residencia vivió sus años de máximo esplendor que coincidieron con la elección de Trento como sede del concilio ecuménico que debía organizar la contrarreforma de la iglesia católica frente a la reforma protestante, y que duró con diferentes interrupciones de 1545 a 1562.Otros tres obispos Madruzzo dirigieron el principado hasta 1658, el último de los cuales Carlo Emanuele, tuvo una amante, Claudia Patricella, que alcanzó celebridad gracias a una novela juvenil de Benito Musolini. En el siglo XVII fue construida la llamada Giunta Albertina un nuevo edificio que unió orgánicamente Castelvecchio al Magno Palazzo. El principado eclesiástico finalizó en mayo de 1796 con la fuga del último obispo frente al avance de las tropas de Napoleón. Posteriormente, cuando Trento pasó a formar parte de Austria, el castillo fue transformado. Restaurado en 1918, alojó el Museo Nacional Trentino y el Museo del Risorgimiento.

Del castillo nos han llegado, además, una vista realizada por Durero en la que se ve que se trataba de diversas construcciones, de las cuales la más notable era la Torre del Águila, antigua defensa de la ciudad de Trento, dónde destacan los frescos encargados por el obispo Giorgio de Liechtestein (1390-1419) con los ciclos de Los doce meses y de Los trabajos del campo. Antes, se levanta la muralla encargada por Clesio. El acceso se realizaba a través de la Puerta de los Diamantes, así llamada por los grandes sillares almohadillados que la conforman, abierta al lado de uno de los gres torreones bajos que se abrían junto a los jardines renacentistas colmados de antiguas estatuas hoy desaparecidas. Varios fueron los arquitectos que trabajaron en el Castillo de Buon Consiglio, pero sus nombres, correspondientes a veces a personas desconocidas, fueron tapados por los pintores encargados de decorar las diferentes estancias: Dosso Dossi, Romanino, Fogolino, y los escultores Alessio Longhi y el volterrano Zaccaria Zacchi autores de diferentes obras de terracota. Austero a pesar de los tres órdenes de galería y de las decoraciones pictóricas, después de la construcción de la Giunta Albertina entre 1686 y 1688, el castillo aparecía grandioso con sus tres grandes bloques, entre los que destacaba en el centro, la elegante galería de tipo veneciano que recordaba a los palacios Giovanelli de Venecia.

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Castillo de Beseno (Italia)

Con su mole bastionada y torreada que tiene casi 16,400 metros cuadrados de superficie, que ocupan toda la cima de una colina, el castillo de Beseno es el complejo fortificado más grande de Trentino.

Construido en el centro del valle Lagarina, entre Rovereto y Trento en el punto en que se separa del Adgie la vía que lleva a Vicenza, tenía como misión principal controlar el final de esa importante arteria. Citado por primera vez en 1171, pertenencía a la familia de los Castelbarco, que en aquellos tiempos dominaba el valle valle aliado de Verona. Es posible que para construirlo llegara a utilizar materiales de los castillos enemigos, destruido en torno a 1166 por obstaculizar el paso de las tropas imperiales de Federico Barbaroja.

Un siglo después, los Castelbarco se había dividido en cinco ramas, una de las cuales pertenecen al castillo de Beseno; sin embargo, su feudo fragmentado fue reagrupado de nuevo gracias a Guglielmo de Castelbarco, que tuvo el poder en Verona, y que según una tradición que se mantiene pero que no ha sido nunca probada habría alojado a Dante en uno de sus castillos, el de Lizzana. Después de Guglielmo, los bienes de Castelbarco fueron de nuevo subdivididos, y en esta ocasión en ocho ramificaciones familiares.

De este debilitamiento se aprovechó la república de Venecia, que aspiraba a apoderarse de Trento, y que a principios del siglos XV ocupó el valle de Lagarina y diferentes castillos, entre ellos el de Beseno. Perdida por los venecianos en 1470, la fortaleza pasó posteriormente a los Trapp y lentamente fue abandonada hasta quedar en ruinas.

Los imponentes restos de la última fortaleza imperial-eclesiástica trentina en los enfrentamientos con Venecia se caracterizan por tener un doble circulo de murallas que rodea el castillo, formando así un gran eclipse cuyo eje mayor tiene 250 metros. Beseno fue la respuesta al nacimiento de la artillería y también al principal ejemplo de la transición de un castillo levantado sobre un suelo rocoso al castillo apoyado por contrafuertes. Una modificación que se realizó en Italia por primera vez.

En el viejo castillo de Castelbarco se levantaron las torres y se rebajaron las murallas (dado que los asediantes no habían escalado nunca los muros sino esperado abrir una brecha en ellos), mientras desaparecieron las almenas, reemplazadas por merlones y parapetos más bajos y rodeados. Al mismo tiempo se abrieron troneras para los tiros laterales. Se trata de un edificio imponente y también de cierto rango, que tiene en su interior diferentes estancias con notables frescos correspondientes los siglos XV y XVII.

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domingo, 25 de junio de 2017

Castillo de Thun (Italia)

Considerado uno de los valles más bellos del Trentino, el Anaunia o Valle de Non, conocido por sus manzanos, es también el que tiene más castillos, llegando se a contar hasta veinticinco. Y eso que se trata sólo de los que han quedado escampados después de repetidas destrucciones, porque los habitantes de la zona se levantaron numerosas veces contra las malversaciones de los delegados del príncipe-obispo de Trento, señor feudal de esas tierras, y también e los nobles locales.

Las revueltas producidas entre 1407 y 1477, sobre todo la "guerra campesina" de 1525, levantamiento campesino teñido de luteranismo, destruyeron unos cuantos castillos. Por su parte, algunas familias aristocráticas del valle tomaron partido por el obispo trentino, mientras otras lo hicieron por su rival el conde del Tirol, por lo que entraron a menudo en guerra, atacando los respectivos castillos y destruyéndolos hasta los cimientos.

Entre esta belicosa y montaraz nobleza descartaron los Thun o Tono, que consiguieron superar casi indemnes estas tempestades políticas, manteniendo su poderío hasta el siglo XVIII. El castillo del que tomaron el nombre se remonta al siglo XVIII pero fue construido en forma de residencia señorial en 1569. Restaurado en 1925, todo el conjunto se levanta en una cima aislada, rodeada de cuatro murallas apoyadas sobre contrafuerte.

Pos sus características generales se encuentra entre los castillos más grandes de la región (tenía unas ciento cincuenta estancias, de las que una era utilizada solo para los funerales). Pertenecía a una poderosa familia de señores del Valle de Non y de Sole, los Thun que también poseían los castillos de Bragher, Caldes y Castelfondo y presumían de poder caminar sobre sus propias tierras desde el Passo Tonale a Trento.

Es uno de los ejemplos más impresionantes de la arquitectura fortificada trentina, en el que domina el estilo gótico y esta rodeado por un complejo sistema de fortificaciones constituidas por torres y contrafuertes, fosos, camino de ronda y una imponente puerta llamada la Española (1566), construida con grandes sillares almohadillados y situada en el centro de la zona septentrional de la muralla. Los edificios centrales fueron construidos con plantas rectangulares reforzadas con sólidos contrafuertes y cuatro torres. Después del foso se levanta otra muralla con troneras abocinadas y dos torres medievales almenadas. Las torres, curiosamente, no fueron construidas en los ángulos sino en el centro de las paredes amuralladas-

El patio interior dispone de una galería orientada hacia el sur (como siempre ocurre en los castillos de montaña). Las sucesivas adaptaciones convirtieron el castillo en una opulenta residencia de campo, desde 1668, un Thun se convirió en príncipe-obispo.

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sábado, 24 de junio de 2017

Castillo del Monte (Italia)

Con su compacta y esplendida estructura geométrica, el Castillo del Monte, levantado para vigilar gran parte de Puglia y Basilicata desde una de las mayores alturas de las Murge con su cálido color dorado, es el ejemplo más hermoso de la arquitectura militar del siglo XIII, una de las primeras y más puras construcciones góticas de la Italia meridional. Fue encargado por el emperador Federico II de Suevia hijo de un germano y una normanda de Sicilia, que fue llamado Stupor Mundi, "Maravilla del Mundo", por su vastísima cultura, el dominio de lenguas, entre ellas el árabe y, en definitiva, por su genialidad y su visión laica como un adelantado a su tiempo. 

Para construir el castillo, levantado entre 1240 y 1250 y según la tradición proyectada por el mismo soberano, Federico no se apoyaba sólo en razones militares, sino también en una voluntad lúdica: gran amante de la caza de halcón, sobre la que escribió también un amplio tratado en latín, lo quiso edificar en ese punto porque allí pasaban las aves durante su migración anual. Sin embargo más allá de las posibles venatorias, en el bello castillo se realizaban grandes fiestas como aquella realizada en 1249, de la que se conserva documentación, para las bodas de Violanta, hija natural del emperador. Sin embargo el destino quiso que una vez caída la dinastía sueva, el edificio fuera utilizado para encarcelar a los nietos de Federico, hijos de su hijo Manfredo muerto en la batalla de Benavento. Los siglos posteriores vieron alternarse ceremonias nupciales entre los miembros de la familia real napolitana y encarcelaciones de enemigos de la corona. Posteriormente abandonado y olvidado, el castillo sirvió de refugio para los prófugos de las ciudades afectadas por la epidemias del siglo XVII, y en el siguiente fueron robados los mármoles y las esculturas que lo embellecían. 

En aquel edificio de piedra, ya vacío, se refugiaban no solo los pastores para evitar la intemperie, sino también los bandoleros para preparar sus fechorías, y para escapar y ocultarse de la justicia que los perseguía. Finalmente en 1876, fue rescatado por el Estado y poco después sometido a restauración.

Su planta octagonal con ocho torres también octagonales situadas en los ángulos, ocho salas en cada uno de los dos pisos y el patio central también octagonal ha sido la base de centenares, sino miles, de estudios sobre el simbolismo astrológico y astronómico. En la Edad Media magia y geometría se complementaban, y por ello, se buscaban los auspicios celestes antes de poner los cimientos de un edificio, por ello el octágono pugliese es una suma astronómica: un sutil juego de equilibrios y proporciones relacionado con precisos cálculos matemáticos y geométricos: por ejemplo la longitud de la relación que la sombra del borde interno que el techo proyecta en el patio había sido estudiada en relación a las estaciones y los signos zodiacales. No es un castillo muy grande: la diagonal mayor mide cincuenta y seis metros. La puerta del castillo, orientada hacia el este y realizada con mármoles muy vistosos, está formada por un arco gótico apuntando que es situado en todos los manuales de arquitectura. El espacio interior está dominado por columnas angulares adornado por capiteles corintios. 

Las bóvedas de las torres presentan la llamada umbrela, una cobertura interna recorrida por nevaduras de seis gajos en forma de badalquino. Las ventanas en ajimez gótica formada por arcos tribulados son pequeñas comparadas con las dimensiones de las estancias interiores. Faltan algunos elementos defensivos: no tiene puente levadizo, ni muros exteriores, ni foso, ni almenas o barbacanas. Sin embargo, el edificio era muy moderno para su tiempo, tanto que tenía además lavabos y un complejo sistema de desagües. Antiguamente, las salas estaban recubiertas con mármoles preciosos y policromos, mosaicos y pinturas, de los que solo quedan algunos fragmentos en ventanas y puertas.

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sábado, 17 de junio de 2017

Castillo de Miramar (Italia)

En 1856, Maximiliano de Habsburgo, hermano menor del emperador Francisco José, fue nombrado comandante en jefe de la marina austriaca, de manera que el nuevo almirante, un joven de veintidós años encantado con aquel cargo, se aprestaba a cumplirlo con absoluta diligencia, estableciéndose en Trieste. La gran ciudad portuaria del imperio le gustaba mucho y por ello a pocos kilómetros dio comienzo en 1856 la construcción del Castillo de Miramar, un castillo blanco junto a la orilla del Adriático, proyectado por el arquitecto Carlos Junker con un estilo pseudomedieval; un estilo que entonces era llamado normando. Aquí Maximiliano  vivio preferentemente con su esposa Carlota, hija del rey Leopoldo de Bélgica, incluso cuando fue nombrado virrey de Lombardía-Veneto; y aquí, en 1864 recibió la delegación de notables mexicanos que le ofrecieron la corona imperial de aquel país, situado al otro lado del océano y destruido por la guerra civil. En esa misma sala había abrazado por última vez a su hermano Francisco José, después de haber firmado la renuncia a los derechos de sucesión que tenía sobre el imperio de los Habsburgo. 

Desde Miramar, sobre cuyas torres todavía incompletas ondeaban la bandera mexicana, la pareja se embarcó pocos días después, despedida por una imponente muchedumbre de triestinos, hacia una aventura imperial que encontraría su fin en 1867, con el fusilamiento de Maximiliano capturado por los revolucionarios mexicanos y la extravagancia de Carlota que volvió a Europa en busca de ayuda militar que ningún país quiso o pudo darle; el emperador Napoleón III quien había animado a perseguir aquel milagro prometiéndole su apoyo, ya había retirado las tropas francesas. Ya al borde de la locura Carlota decidió retirarse a Miramar, dónde las cada vez peores noticias procedentes de México, le hicieron perder la razón. Se le ocultó la muerte de su marido y algunos meses después fue trasladada a Bélgica, dónde su padre le asigno como residencia el castillo de Leaken. Aquí vivió todavía medio siglo, hasta cumplir ochenta años. Cada primavera hacía preparar una barca en el foso, y subía a ella diciendo "Marchemos a México". Miramar rodeado por una áurea de luctuosa desgracia, permaneció desierto. Después de la Gran Guerra, caído el imperio de los Habsburgo, pasó a ser la residencia del duque Aosta.

El material utilizado para la construcción fue piedra blanca de Istra (de la cantera de Orsera) que había sido utilizada en Venecia durante un milenio. Esta formada por una planta baja, primer piso y una planta superior con torre almenada orientada hacia el mar. Fue situado en medio de la naturaleza entre mar y vegetación según los deseos del propietario. A su alrededor se extiende un parque de 22 hectáreas. La decoración interna fue proyectada por Franz y Julius Hofman, escultores de madera y doradores de Trieste, que siguiendo las indicaciones de Maximiliano realizaron techos y revestimientos de madera de roble en estilo antiguo inglés, reproduciendo, además, la popa del barco Novara. Las veintitantas salas mantienen los ornamentos originales (entre ellos, pintura de Caffi, Gurlitt y Dell´Acqua), especialmente en la sala de las Audiencias, en la rica biblioteca y en la capilla cubierta de cedro de Líbano que parece que fue donada a Maximiliano por la comunidad griega de Trieste, hoy se ha convertido en un museo histórico.

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Castillo de Sforzesco- Italia

Fue Galeazzo II Visconti, señor de Milán, quien hizo construir en 1638, un gran castillo que tomó el nombre de la Porta Giovia abierta en las murallas de la ciudad; una poderosa fortaleza que debió defender a los milaneses de los enemigos exteriores y también mantener el respeto de los interiores, hostiles a la dinastía. Todavía no era utilizado como residencia; solo el último de los Visconti, Filippo María, se trasladó a vivir de manera estable. Tras su muerte, en 1447, los ciudadanos proclamaron la República Ambrosiana y demolieron el Castillo, considerado como símbolo de la tiranía.

Pero tres años después, caída también la República en un estado de guerras intestinas, el nuevo duque de Milán, Francesco Sforza hizo comenzar la reconstrucción del castillo que desde entonces sería llamada Sforzesco, confiando la dirección de las obras a los arquitectos Giovanni da Milano y Jacopo da Gortona primero, después al Filarete, encargado de construir la torre central y finalmente a Bartolomeo Gadio. A la muerte del Duque, en 1466, habían sido terminadas las principales partes del castillo, pero su sucesor, Galeazzo María, hizo añadir otras zonas de carácter residencial, entre ellas la Rocchetta. Pero fue Ludovico el Moro el que hizo del Castillo de Sforzesco la más fastuosa residencia señorial de Italia, para lo que encargo que la decoraran y la embellecieran no sólo los mejores artistas lombardos, sino también Bramante y Leonardo da Vinci y además celebró banquetes y fiestas que sorprendían a los convidados por su magnificencia y riqueza; destacaron entre otras las celebradas por la boda entre Gian Galezzo Sforza e Isabel de Aragón, en 1489, y dos años después la del mismo Ludovico con Beatriz d´Este. Estos esplendores finalizaron, no obstante, muy pronto, ya que una vez hundido el Moro, el castillo se rindió sin resistencia a los invasores franceses en 1499. En cambio Maximiliano Sforza, tuvo que asediarla, en 1513, casi un año antes de recuperarla los franceses, y poco después, en 1515, fue obligado a encerrarse en el frente al ataque de su antiguo enemigo, que en poco tiempo lo obligó a rendirse.

El castillo padeció daños muy graves en 1521, cuando un rayo hizo explotar un polvorín situado en una torre. Los españoles, nuevos dominadores de Milán, lo restauraron y rodearon toda la estructura del siglo XV con murallas y contrafuentes que lo transformaron en una completa ciudadela, que no sirvió para mucho porque los siguientes conquistadores: imperiales, saboyas, españoles, austriacos, franceses y rusos, consiguieron siempre la rendición sin demasiado esfuerzo. Demolida la fortaleza por ordenes de Napoleón, permaneció el castillo, que bajo los austriacos se convirtió en un cuartel. Desde aquí Radetzky reprimió a la insurgente Milán durante las Cinque Giornate. Reducida a un estado deplorable, la antigua maravilla de los Sforzza no tenia más futuro, en 1880, que ser demolida, pero afortunadamente la Società Storica Lombarda llegó en su auxilio, y las profundas obras de restauración dirigidas por el arquitecto Luca Beltrami le devolvieron parte de su aspecto original.

Todo lo que permanece de una de las más importante plazas fuertes de Europa se reduce a un enorme castillo de planta cuadrada, en el cual la torre llamada Filarete divide la larga fachada que va desde la torre del Santo Espíritu a la de los Carmini, ambas circulares y construidas con almohadillados a fin de que una tranquilizadora elegancia ayudara a su inexpugnabilidad. Más allá del patio interior se abre un extremo del refugio de la cuadrada Rocchetta y la rectangular corte ducal, denominada por la torre de Bona de Saboya y cerrada en su cúspide por torreones cuadrados.

En su interior se encuentran excepcionales museos que exhiben obras maestras de gran valor como la Pietà Rondini de Miguel Ángel, los doce Tapices Trivulzianos de los Meses, el Sepulcro de Gaston de Foix, de Bambaja, pintados por Mantenga, Lotto, Luini y van Dyck. Y también una de las más bellas colecciones del mundo de instrumentos musicales construidos con todo tipo de materiales: mayólica, madera. etc. Entre los muros se encuentra también la conocidísima biblioteca de Trivulziana, la colección de documentos impresos de Bertarelli, el medallero y la colección numismática de Milán.





miércoles, 14 de junio de 2017

Castillo del Ovo (Italia)

En uno de los rincones más característicos y pintorescos de Nápoles, delante del Puerto de Santa Lucía, sobre un islote rocoso unido por un muelle a tierra firme, el poderoso Castillo del Ovo refleja en el Mar del Golfo sus sólidas paredes amarillentas. Aquí se levantaba un edificio que forma parte de la enorme villa del riquísimo patricio romano Lucullo; posteriormente, una vez caído el imperio, se asentó entre las ruinas, en el siglo V, un cenobio de monjes de San Basilio. Pero los normando disfrutaron de aquella posición para construir un castillo, ampliado y completado con muchas torres por el emperador Federico II, que hizo custodia aquí el tesoro del reino.

Después de su muyerte, Carlos Anjou, se apoderó de Milán e hizo prisionero al legítimo heredero Corrado de Suevia antes de hacerlo decapitar y durante dieciocho años también a la princesa Beatriz, hija de Manfredo, que fue después liberada en 1284, por una incursión del almirante siciliano que más tarde entraría al servicio de la Corona de Aragón, Roger de Lauria. Fue en el siglo XIV cuando comenzó a utilizarse el nombre de Castillo de Ovo, según dice la historia por tener la planta de forma ovoidal, aunque la leyenda nos explica que Virgilio, considerado en la Edad Media no sólo un gran poeta sino también un gran brujo, había colgado en una estancia del castillo una jaula de hierro que contenía una garrafa, dentro de la cual había un huevo encantado, que cuando se rompiera haría que la fortaleza entrara en crisis.

El desastre se produjo en tiempos de la reina Giovanna I, la cual hizo reconstruir el castillo poniendo otro huevo en el lugar del primero. La misma Giovanna fue posteriormente encerrada entre aquellos muros durante las guerras dinásticas que ensangrentaron su reino.

El castillo fue utilizado como residencia únicamente en tiempos de los primeros Anjou, pasando a desarrollar después una función exclusivamente militar como baluarte marítimo de la ciudad, y sufriendo en tales cometidos más de un asedio y algunos bombardeos. Fue conquistado por los aragoneses en 1420, por los franceses en 1495 y 1503 por los castellanos, que lo hicieron derruir parcialmente. En 1691, fue reconstruido y se le añadió un fortín circular protegido por el mar según una obra dirigida por el arquitecto Ferdinando de Grunenbgerg, que le dio su forma actual. Sufrió nuevos ataques en 1733, cuando Carlos de Borbón  lo bombardeo antes de entrar victorioso en Nápoles, y en 1799, cuando allí se refugiaron los patriotas de la República Partenopea para huir a la furia de los sanfedistas (movimiento reaccionario dirigido por el cardenal Rufo contra la respublica napolitana); en el siglo XIX fue finalmente convertido en un cuartel.

La estructura del Castillo del Ovo es resultado de continuas destrucciones y reconstrucciones, adaptaciones y restauraciones.

Es de planta extremadamente alargada y protegida por el mar (vagas tradiciones sostienen que su nombre deriva de la forma elíptica del complejo), un arco une las dos partes del islote de Magaride, altas murallas se elevan por la parte que da a la tierra, uniendo zonas de origen medieval, torres del siglo XVI y XVII, galerías de los Anjou y los aragoneses y áreas del cuartel dispuestas a lo lardo de una especie de camino interno. En los últimos cuarenta años se han realizado en el castillo algunas obras de restauración que le han devuelto parte de su esplendor y han permitido recuperara espacios como la sala de las columnas o la iglesia de El Salvador. Actualmente el propiedad del Ministero dei Beni Culturali de Italia y sede de muestras y congresos.

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