Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta la máquina del tiempo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la máquina del tiempo. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de julio de 2017

POSEIDÓN


Poseidón (Neptuno para los romanos), es uno de los dioses del Olimpo, y es aquel que reina sobre los mares. Se dice que fue criado por Telquines y por Cefira, hija del Océano. 

Su soberanía no se limita a las olas, también tiene el poder de desatar tempestades, desquiciar las rocas de las costas con un golpe de su tridente y hacer brotar manantiales en el lugar que él desee. Al parecer sus dominios se extienden a las aguas corrientes y lo lagos; en cambio, los ríos son regidas por infinidad de divinidades menores. 

A Poseidón corrientemente se le representa armado con un tridente, que es el arma por excelencia de los pescadores de atún y montado en su carro arrastrado por animales monstruosos, mitad caballos, mitad serpientes. Este carro se hallaba rodeado de peces, delfines, animales marinos de toda clase, de nereidas y de tritones, de genios diversos como Glauco o el propio Proteo. 

Poseidón pasaba por haber tenido numerosos amores, todos ellos fecundos. Pero a diferencia de las descendencia de su hermano Zeus, sus hijos eran casi siempre seres gigantescos y violentos. Por ejemplo, con Toosa engendró al célebre cíclope Polifemo; con Medusa a Criasor; con Amimome a Nauplio, que tanto dañó a los aqueos; con Ifimedia, a los Alóadas. 

Uno de los mitos más famosos en los que participa Poseidón es aquel en el que disputó la tutoría de la ciudad que posteriormente se llamaría Atenas. Se cuenta que se encontraba junto a Atenea, y cada uno le dio un regalo a los habitantes de la ciudad, Poseidón hizo brotar un manantial, y su hermana sembró un olivo, lo cual le llevó a triunfar en el duelo y a darle nombre a la ciudad que ahora protege. 


sábado, 15 de julio de 2017

HISTORIA DE GRECIA: LOS MINOICOS (PARTE 1)


Antes de comenzar esta aventura es necesario hacer una aclaración: los minoicos no eran griegos, entonces el lector se preguntará ¿por qué hablaremos de ellos?, la respuesta es simple, la influencia de los minoicos en la primera civilización griega fue fundamental, como lo veremos a continuación.

Hacia finales del siglo XIX, Arthur Evans, un arqueólogo inglés, viajaba a menudo a Grecia en busca de antigüedades. En uno de esos viajes, encontró en Atenas las llamadas "piedras de leche", una especie de amuletos muy apreciados por las mujeres de la región. Evans, que era extremadamente miope, observó de cerca aquellas piedras y se percató de los delicados detalles de los grabados que había en ellas. Además de escenas de caza y navegación, encontró una especie de inscripciones que se asemejaban a jeroglíficos. Intrigado por su descubrimiento, Evans se dedicó a comprar todas las piedras que encontró y ha seguirles el rastro, lo cual lo llevó a Creta. Después de arduas negociaciones con el gobierno local, Evans consiguió permiso para realizar excavaciones en Cnosos. 

Después de diversas excavaciones, Arthur Evans descubrió las ruinas de un enorme palacio (figura 1) de aproximadamente mil quinientas habitaciones. En aquella construcción había huellas por todas partes del culto hacia el toro, sobre todo en los hermosos frescos que Evans encontró ahí. Dejándose llevar por el mito, el arqueólogo inglés denominó a esta civilización con el nombre de "minoicos" en honor al legendario rey Minos. 

Figura 1 

Lamentablemente aun no se sabe con certeza de dónde provenían los minoicos, quizá eran habitantes de la isla desde el Neolítico o quizá llegaron desde la península de Anatolia. Tampoco hay un consenso entre los especialistas sobre cómo dividir la historia de los minoicos. Por ejemplo el arqueólogo griego Nicolás Platón propuso dividir la historia de los minoicos de la siguiente manera: 

  • Periodo Prepalacial: 2000 a.C
  • Los Primeros Palacios, hasta 1700 a.C
  • Los Segundos Palacios, hasta 1400 a.C. 
  • Periodo Postpalacial hasta 1100 a.C 
El periodo que más nos interesa es el que transcurre entre los años 2000 y 1400 a.C, durante los primeros y segundos Palacios. Hacia aproximadamente el año 1700 a., los Palacios fueron reconstruidos después de una catástrofe, fue ahí el comienzo de su época de mayor esplendor. 

Según los especialistas, la tríada mediterránea fue clave para el apogeo de la civilización minoica. En Creta existen pruebas de que en época temprana, sus habitantes empezaban a tomarse la producción de vino y aceite con criterios casi industriales. Se han encontrado grandes tinajas para ambos productos. Con ese tipo de producción es lógico pensar que comerciaban con ello, y no hay duda de que así fue. Exportaban aceite, vino y cerámica. También se ha encontrado influencia del arte minoico en dagas de la Grecia Micénica. 

Ejemplo de cerámica minoica 

En cuanto las importaciones, los minoicos adquirían cobre y también en cierta época algunos objetos de lujo procedentes de medio oriente y de Egipto, tales como: obsidiana, laspislázuli, mármol, esmeril de Naxos, basalto del sur de Grecia, ámbar, plumas y huevos de avestruz. De Egipto adquirían objetos manufacturados como tallas de marfil y escarabeos. Dicho contacto comercial con el país del Nilo se ha confirmado por restos arqueológicos e inscripciones y existe bastante acuerdo entre los historiadores en que los textos egipcios que hablan del país de Keftiu se refieren a Creta.

Habitantes del país de Keftiu portando regalos 


Sobre la arquitectura minoica es muy característica y se reconoce por la forma de sus columnas: mientras que las columnas clásicas se estrechan conforme ascendían, las cretenses eran como un tronco de árbol invertido, con la parte más estrecha en la base y la ancha en contacto con el capitel. Normalmente, se pintaban de rojo y tenían la superficie pulida, pero a veces presentaban estrías verticales o incluso espirales, lo que las hacía parecer pirulís gigantes. 



Aunque cause decepción es necesario aclarar que la imagen que recibimos del palacio de Cnosos al ver fotografías o reconstrucciones está algo falseada. No son as ruinas originales: Arthur Evans restauró ciertas zonas del palacio tal como él creía que debían ser. Lo mismo ocurre con muchos frescos minoicos. Al contemplarlos, es fácil apreciar zonas que mantienen el brillo de la coloración, mientras que otras se ven mates y estás mucho más resquebrajadas. Estas últimas son las auténticas. 

Aclarado lo anterior, prosigamos. Los palacios no eran edificios aislados, sino que a su alrededor crecían auténticas ciudades, con mansiones y casas de varios pisos. Por las pinturas donde aparecen edificios, parece que en la planta bajo no había ventanas, pero sí en las superiores. También se aprecian pequeñas habitaciones construidas sobre el tejado, quizá para dormir en las noches más calurosas de verano. 



Las ciudades cretenses eran populosas, y para el estándar de la época eran realmente avanzadas, incluso más que las ciudades griegas de siglos posteriores. Un ejemplo lo tenemos en su fontanería. Se han encontrado conos truncados de terracota, al encajar unos con otros, formaba un ingenioso sistema de conducción para llevar el agua potable. En el palacio de Cnosos existía una compleja red de drenaje, con conductos y cisternas que descargaban el agua de la lluvia y la llevaban a otros canales subterráneos de piedra, revestidos de yeso y provistos de bocas de inspección. Incluso había retretes conectados a este sistema. No sólo los palacios contaban con este tipo de sistema, se han encontrado las mismas instalaciones en la casa de Tera, las mejor conservadas del mundo minoico.

Fuente: La gran aventura de los griegos. J. Negrete.




HISTORIA DE GRECIA: LOS MINOICOS (PARTE 2)


ADVERTENCIA: SI TE HAS PERDIDO LA PRIMERA PARTE DE ESTA HISTORIA, LEELA AQUÍ: LOS MINOICOS (PARTE 1)

¿Cómo eran los minoicos?

El interior de los palacios y de muchas casas estaba decorado con frescos. Gracias a estas pinturas conocemos el aspecto de los minoicos, o al menos cómo se veían a sí mismos. Consideraban que un varón de hombros anchos y una cintura estrecha resultaban atractivos, del mismo modo que una mujer lo eran unos pechos abundantes y erguidos. Pero una cosa es que pintaran así las figuras y otra que todos los cretenses fueran así. 



En su Historia de los griegos, Indro Montanelli comenta que los varones minoicos tenían la piel bronceada y las mujeres pálida, como si existiera una diferencia genética entre ambos sexos. En realidad se trata de una convención artística. En tiempos pasados se apreciaba la blancura de la piel femenina, hasta extremos que ha nosotros nos llamaría la atención, pues unos brazos de una palidez "lechosa" no son muy populares hoy en día. Si lo pensamos bien, lo que más se valora en el aspecto es aquello que demuestra la pertenencia a una clase superior. En aquellos tiempos, el trabajo más duro se hacía al aire libre, de modo que la piel blanca de una mujer indicaba que no tenía que salir de casa para ganarse la vida. 

La ropa femenina de esta civilización es muy característica: falda de volantes en forma de campana y chaquetilla ceñida a la cintura, con una abertura central que se podía separar para dejar al descubierto los pechos. 

Los hombres suelen aparecer con muy poca ropa: a menudo no llevan más que un taparrabos enrrollado en la cintura o sujeto por un cinturón. Según la moda, esa prenda tapaba la parte superior de los muslos o no. En el centro, muchos llevaban una coquilla o braqueta. 



RELIGIÓN 

Sobre su religión poco se sabe, así que esta debe ser reconstruida a partir de las estatuillas o de las imágenes que aparecen en frescos, vasos y sellos.

La primera característica que salta a la vista en la religión cretense es el papel tan importante que desempeñaba la mujer. En casi todas las representaciones aparece una diosa rodeada de sacerdotisas. Tanto una como la otra visten de la manera descrita, con los pechos al aire, y están muy maquilladas. Muchas de esas imágenes poseen un refinado erotismo. 



En las imágenes encontramos a menudo escenas de epifanía. Normalmente, la divinidad parece bajar de las alturas. Para verla, los fieles -más a menudo las fieles- danzan alrededor de un árbol, en una cueva o incluso en el interior de un palacio. 



Un elemento inconfundible de la religión cretense es el toro. Los minoicos que hemos narrado al principio reflejan una percepción distorsionada de algunos rituales relacionados con este animal, que aparece representado constantemente en pinturas y en vasos con forma de cabeza de toro, denominados ritones, que se utilizaban en los sacrificios. Como parte de la captura ritual del toro, debían llevarse a cabo unas acrobacias.



Parece que en ellas participaban jóvenes de ambos sexos. En un fresco muy célebre, un joven de piel cobriza da una voltereta sobre el lomo de un toro, flanqueado por dos muchachas vestidas tan sólo con taparrabos. Se sabe que ambas son mujeres por su piel blanca, ya que los pechos no se acaban de distinguir. Una de ellas aguarda junto a la cola del animal, con los brazos extendidos como para recibir al acróbata. La otra agarra los cuernos, bien sea para saltar cuando le llegue el turno o porque está sujetando al toro. Sin duda, este ritual era un espectáculo que atraía a mucha gente; pero, como prácticamente todas las actividades a antiguas, poseía un significado religioso.

LA IMAGEN IDÍLICA DE LOS MINOICOS

Gracias sobretodo a los frescos, se cree que la sociedad minoica era igualitaria, incluso se piensa que era matriarcal. Por otra parte también existe la creencia de que los minoicos eran unos amantes de la naturaleza, y que su vida transcurría de manera pacífica, sin gran ambiciones personales, ni demasiados instintos agresivos.

Repetimos,  los frescos son las responsables de esta idea. Las escenas que representan los frescos son luminosas, alegres, y en ellas se encuentran abundantes elementos naturales: antílopes, jardines, delfines, paisajes enteros...




La violencia, cuando la hay, parece ritual o deportiva, como en un fresco donde dos niños boxean vestidos solamente con un taparrabos. Si combinamos esta imagen con la ausencia de murallas, todo hace pensar en una sociedad pacifista.


Para Bernardo Souvirón la minoica era una civilización en la que existía igualdad entre hombres y mujeres, y que sabía resolver sus problemas sin recurrir a la violencia. Serían los griegos micénicos, indoeuropeos que llegaron al Egeo durante el segundo milenio anterior a nuestra era, quienes aprendieron a utilizar las armas, para conseguir lo que deseaban. Otros especialistas creen que los minoicos eran una de las civilizaciones de la llamada "Vieja Europa", estas civilizaciones se caracterizaban por ser matriarcales, pacíficas y con apenas diferenciación social.

Sin embargo, esta imagen se pone en duda con algunos detalles. Por ejemplo, entre los frescos de la isla de Tera se encuentra un friso excepcional. En él figura una flota que viaja de una ciudad a otra. Hay unos hombres desnudos en el agua -otra convención pictórica, que en este caso representa a los derrotados- que no parece que se estén ahogando por su propia voluntad. Este fresco a suscitado muchas interpretaciones distintas, pero lo que está claro es que se ven soldados armados en él, y que los cuerpos desnudos deben ser las víctimas de una batalla naval.

Aparte de las representaciones, se han encontrado armas depositadas como ofrendas en santuarios y cuevas, y muchos bellos puñales hallados en Grecia son de factura minoica.

Otro de los hallazgos que hacen dudar sobre el supuesto carácter pacifista de los minoicos, son los rastros de un sacrificio humano realizado en el templo de Anemospilia; la interpretación más difundida es que se trató de un caso excepcional con la intención de aplacar los sismos en la zona, sin embargo, no hay nada que nos confirme esto. En ese mismo año (1987), Peter Warren encontró un montón de huesos de niños en Cnosos, a poca distancia del palacio. En ellos se veían marcas de cuchillos, utilizados para arrancarles la carne. Warren interpreta estos restos como la prueba de que en Creta se practicó el canibalismo ritual. Viendo las cosas de esta forma, no es raro que los griegos crearan el mito del minotauro.

EL FINAL DE LOS MINOICOS

No hay un consenso sobre cuál fue el final de esta civilización. Se cree, en teoría, que en 1400 a.C se produjo una oleada de destrucción, la causa de tal desastre, se balancea entre supuestos terremotos y tsunamis provocados por la erupción de la isla de Tera, pero existen dificultades para relacionar esta catástrofe con el final de los cretenses. Por otro lado, existen indicios sobre la irrupción de los griegos micénicos en Creta, ya que en ese entonces (el periodo Postpalacial) la escritura propia de los minoicos fue sustituida por la de los griegos.

Por último, el palacio de Cnosos sufrió un incendio devastador hacia el año 1380 antes de Cristo, y después de ese acontecimiento, no volvió a ser ocupado.

Fuente directa: La aventura de los griegos. J. Negrete.







domingo, 14 de mayo de 2017

KRAKEN


El Kraken es una especie escandinava del zaratán y del dragón de mar o culebra de mar de los árabes. 

En 1752, el dinamarqués Eric Pontoppidan, Obispo de Bergen, publicó una Historia natural de Noruega, obra famosa por su hospitalidad o credulidad; en sus páginas se lee que el lomo del Kraken tiene una milla y media de longitud y que sus brazos pueden abarcar el mayor navío. El lomo sobresale como una isla; Eric Pontoppidan llega a formular esta norma "Las islas flotantes son siempre Krakens". Asimismo escribe que el Kraken suele enturbiar las aguas del mar con una descarga de líquido; esta sentencia ha sugerido de que el Kraken es una magnificación del pulpo. 

Entre las piezas juveniles de Tennyson, hay una dedicada al Kraken. Dice, literalmente, así:

"Bajo los truenos de la superficie, en las honduras del mar abismal, el Kraken duerme su antiguo, no invadido sueño sin sueños. Pálidos reflejo se agitan alrededor de su oscura forma; vastas esponjas de milenario crecimiento y altura se inflan sobre él, y en lo profundo de la luz enfermiza, pulpos innumerables y enormes baten con brazos gigantescos la verdosa inmovilidad, desde secretas celdas y grutas maravillosas. Yace ahí desde siglos, y yacerá, cebándose dormido de inmensos gusanos marinos hasta que el fuego del Juicio Final caliente el abismo. Entonces, para ser visto una sola vez por hombres y por ángeles, rugiendo surgirá y morirá en la superficie". 

Fuente: El libro de los seres imaginarios. Jorge Luis Borges.